General Conference Daily Bulletin, 1893
El mensaje del tercer ángel

A.T. Jones

"Se me ha dado instrucción para que emplee esos discursos suyos impresos en los Boletines de la Asociación General de 1893 y 1897, que contienen poderosos argumentos en relación con la validez de los Testimonios, y que sustentan el don de la profecía entre nosotros. Se me mostró que esos artículos serían de ayuda para muchos, y especialmente para aquellos recién llegados a la fe que no han estado familiarizados con nuestra historia como pueblo. Será para usted una bendición el leer de nuevo esos argumentos a los que dio forma el Espíritu Santo" (E. White, Carta 230, 1908)

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nº 6

[índice]

Es mi propósito en esta noche hacer una especie de resumen de lo presentado la pasada semana, extrayendo después una lección a partir de ello. La primera noche –el martes-, tras haber informado sobre esa audiencia que sirvió de base para todo nuestro estudio posterior, dirigimos nuestra atención a tres puntos en particular; la noche del miércoles a otros tres, y anoche a un punto más. Recordaréis que los tres puntos de la primera noche centraron nuestra atención en la proclamación actual del mensaje del tercer ángel, según lo presenta el pasaje: "Si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios" (Apoc. 14:9). Y eso muestra por sí mismo que ha llegado el tiempo en que la imagen está ahí y que se va a recibir su marca, puesto que la advertencia es contra la adoración de la bestia y su imagen, contra la recepción de la marca en la frente o en la mano.

El primero de los tres puntos consistía en que nos es imposible seguir realizando la obra tal como habíamos venido haciendo, y con respecto a ese preciso mensaje, nos sentimos movidos a predicarlo al pie de la letra. El segundo, que eso muestra que se ha formado la imagen, lo que significa que todo el poder de la tierra queda en manos del enemigo del mensaje del tercer ángel y de la causa de Dios, quien lo va a ejercer en contra del pueblo y la obra de Dios. Por consiguiente, el que se ponga de parte de Dios tiene que depender de un poder superior al de todo el mundo junto. El punto tercero consistió en que al citar el cuarto mandamiento en la legislación, interpretándolo como siendo el primer día de la semana o domingo, y por lo tanto poniendo el domingo en el lugar del sábado del cuarto mandamiento, es tan literalmente cierto que las iglesias protestantes de este país, mediante el poder de este gobierno, han invalidado la ley de Dios en la medida en que el poder terrenal puede hacerlo, como lo fue en la apostasía original del papado cuando se asoció al gobierno con el mismo fin. Y habiendo sucedido así, Dios ha puesto en nuestros labios las palabras: "Tiempo es de actuar, Jehová, porque han invalidado tu Ley" (Sal. 119:126). Eso nos lleva al siguiente pensamiento: dado que todo el poder de la tierra está orientado contra Dios, contra su sábado y contra su pueblo que lo guarda, su pueblo, a fin de poder hacerle frente, ha de disponer de un poder que sea superior al que reúne toda la tierra en su contra, y que nos lleva al versículo citado: "Tiempo es de actuar, Jehová, porque han invalidado tu Ley". Por consiguiente, necesitamos el poder de Dios. Nuestra oración diaria es: Señor, ha llegado el momento de que tú actúes; nada hay que nosotros podamos hacer.

El siguiente punto en el estudio es: El mensaje se da a la vista del hecho de que quienes lo rechazan, habrán de recibir las plagas. "Si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios".

La primera plaga se derrama sobre aquellos que reciben la marca de la bestia, y bajo la sexta plaga los reyes de la tierra se reúnen para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso. En el tiempo de esa batalla regresa el Señor, y tiene lugar el fin del mundo. "El séptimo ángel derramó su copa por el aire. Y salió una gran voz del santuario del cielo, desde el trono, que decía: ‘¡Ya está hecho!’ Entonces hubo relámpagos, voces, truenos y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande cual no lo hubo jamás desde que los hombres existen sobre la tierra" (Apoc. 16:17 y 18).

En la historia de las naciones que fueron en el pasado, cuando una nación se negó a buscar al Señor, cuando eligió dar la espalda a Dios levantándose en rebeldía contra él, dejó de tener cabida en el mundo. La ruina fue su final inevitable. Puesto que este gobierno ha hecho eso mismo, no puede haber otra consecuencia que no sea su ruina.

Por cierto, esta tarde he estado leyendo "Special Testimonies", y hay un pasaje tan expresivo al respecto de este punto, que os lo leeré aquí. Está en la página 16 de "Special Testimony to Ministers and Conference Committees". Dice así:

"El mundo cristiano ha aceptado el hijo del papado, y lo ha acunado y alimentado, desafiando así a Dios al quitar su monumento conmemorativo y estableciendo un sábado rival" (Mensajes Selectos, vol. III, p. 463 -traducción revisada-).

¿Cuándo ocurrió eso? Cuando quitó su monumento conmemorativo; cuando desafió a Dios quitando su memorial y estableciendo un sábado falsificado. Esta es la palabra que leímos el otro día:

"El memorial de Dios ha sido derribado, y en su lugar se destaca ante el mundo un sábado falso".

Pero las iglesias lo han hecho con la intención de que el poder de este gobierno asegurase la efectividad de su obra. ¿A qué se ha dejado arrastrar, pues, esta nación, por acción de las iglesias apóstatas que alberga? A desafiar a Dios. Cuando Belsasar desafió a Dios tomando las vasijas sagradas de la casa de Dios, profanándolas con su adoración lasciva, ese gobierno perdió su lugar en este mundo. Este gobierno ha llegado al mismo punto, y la ruina es lo único que ha de seguir. Ahora bien, la ruina de esta nación es la ruina del mundo, puesto que su influencia afecta al mundo entero, y la ruina tiene lugar en ocasión de la venida del Señor, momento en el que se ha de librar la gran batalla. Nos encontramos a las puertas de esos acontecimientos.

El siguiente punto consistió en que la iglesia judía apóstata se unió a "César" a fin de deshacerse del Señor. La iglesia apóstata romana había hecho lo propio, uniéndose a César a fin de deshacerse del sábado del Señor. Cuando se juntó con César, Dios no tuvo más remedio que destruir a la iglesia judía apóstata. Pero antes de destruirla, llamó de ella a todos los que serían suyos. La iglesia judía era a la vez iglesia y nación, de forma que al ser destruida, la lección quedó desplegada ante el mundo a modo de ejemplo, tanto para iglesias como para naciones. Se trataba de la nación e iglesia judía, que había dado la espalda a Dios. Cuando la iglesia judía desechó a Dios, la nación judía estaba haciendo eso mismo. La nación había de ser entonces destruida, y también la iglesia. Así, el resultado de esa apostasía, tanto para la iglesia como para la nación, había de ser sólo uno: la ruina.

Cuando la iglesia de Roma siguió el mismo camino, significó la ruina para el imperio romano; y, habiendo seguido esta nación el mismo camino, no cabe esperar otra cosa que la ruina, y la ruina para la nación es también la de la iglesia. Pero antes de esa ruina inminente, se escucha el mensaje: "¡Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados ni recibáis parte de sus plagas!" (Apoc. 18:4).

Por último, anoche vimos que la intención del papado es reunir a todas las naciones bajo su influencia; y una vez logrado lo anterior, esa institución se felicita a sí misma diciendo: "Estoy sentada como una reina, no soy viuda y no veré llanto" (vers. 7). ¿Qué viene después? -Las plagas.

A esta nación le ha de suceder lo mismo que sucedió a las precedentes, cuando volvieron a Dios la espalda, y nos encontramos en la vorágine de los eventos que provocarán todo eso. Lo mismo que sucedió a las otras naciones que olvidaron a Dios, va a suceder pronto aquí.

Hay siete puntos diferenciados, cada uno de los cuales nos lleva a los eventos del mensaje del tercer ángel, mensaje que ha de salvar a todo aquel que vaya a ser salvo antes del fin del mundo. No se trata de puntos "fabricados". Cada uno de ellos es simplemente la consecuencia de cosas que están ante la vista de cualquiera en este mundo. Este es el texto con el que comenzamos: "El pueblo que comprenda ahora lo que está pronto a sobrevenirnos, en vista de lo que está ocurriendo ante nuestros ojos, no confiará ya más en invenciones humanas, y sentirá que es necesario reconocer, recibir y presentar a la gente el Espíritu Santo" (E.G.W., The Home Misionary, 1 noviembre 1893). Así, en las sucesivas lecciones he procurado analizar lo que está ante nosotros en el mundo, y ver lo que está a punto de ocurrir; no simplemente lo que va a llegarnos, sino lo que va a llegarnos pronto, con todo lo que implica. No hay forma de escapar a las cosas que todos pueden y deben ver en el mundo, sea que tengan los ojos abiertos o no. Sea que crean o no en lo que está a punto de venir, no pueden evitar ver lo que ven; no hay para nadie escapatoria, de no ser mediante el mensaje del tercer ángel.

Avancemos ahora un poco más en lo que eso significa para nosotros. Hemos visto que todo el poder de esta tierra está ahora bajo la influencia del papado. Todos lo podéis ver. Pero ¿quién es el dirigente en el papado? ¿Quién está obrando contra la iglesia de Dios? Satanás. ¿Mediante quién obró mientras Cristo estuvo en la tierra? Mediante el dragón. ¿Mediante quién obró cuando la iglesia estuvo en el desierto? Mediante la bestia. ¿Mediante quién obra contra la iglesia remanente? Mediante la imagen. Mediante el dragón, la bestia y el falso profeta –o imagen-. Esos son los tres instrumentos mediante los cuales hace guerra contra la iglesia de Dios, desde el nacimiento de Cristo hasta el fin del mundo.

Todos los poderes de la tierra se encuentran, pues, en las manos de Satanás, quien los empleará contra la iglesia. ¿Cuánto tiempo creéis que va a pasar antes de que se cumpla ese versículo que dice que Satanás obra con todo el poder? ¿Acaso no lo está haciendo ya? Todo el poder que conoce esta tierra, todo el poder que hay en el reinado en donde mora Satanás, está ahora en sus manos. Va a obrar con todo el poder. "La aparición de ese inicuo es obra de Satanás, con gran poder, señales y prodigios mentirosos" (2 Tes. 2:9). ¿Para qué ha reunido ese poder, si no es para usarlo? ¿Suponéis que va a estar parado mucho tiempo, especialmente cuando el pueblo de Dios se esté encomendando y consagrando al Señor? Eso es lo que enfurece a Satanás, que se guarden los mandamientos de Dios y se manifieste el testimonio de Jesús.

Así pues, todo ese poder está en sus manos, para emplearlo contra la iglesia de Dios, contra Dios, contra su sábado y contra aquellos que respetan al Señor y a su sábado, puesto que esa es la señal de lealtad al Señor.

Por lo tanto, repito que todo aquel que vaya a ser fiel a Dios lo habrá de ser en contra de todo el poder que hay en el mundo: todo el poder que este mundo conoce, del tipo que sea. Así pues, hermanos, el asunto que vosotros y yo hemos de decidir ahora, es si vamos a avanzar o no. Hemos de decidir si vamos a avanzar, o si nos paramos aquí. Tan ciertamente como decidamos permanecer en la profesión que hemos hecho, tan ciertamente como decidamos tenernos por la ley de Dios y la fidelidad a nuestra profesión, habremos de hacerlo en contra de todo el poder que este mundo conoce, estando Satanás en posesión y uso de tal poder. Hemos de mantener nuestra lealtad a Dios y a su ley, en contra de toda consideración, soporte o protección humanas. ¿No se va a tratar acaso del pueblo que se tiene por la ley de Dios, que depende de Dios solamente, puesto que nada hay debajo del sol de lo que pueda depender?

Debemos advertir a la gente del mundo acerca de ese poder, debemos advertirlos contra sus maquinaciones, sacarlos de ahí y llevarlos a Dios. ¿Podré hacer eso de alguna forma si conservo cualquier conexión con el mundo o la mundanalidad? [Congregación: "No"]. Si participo de un espíritu mundano y de una disposición mundana, ¿podéis decirme cómo voy a ser capaz de advertir a la gente a que se separe totalmente del mundo? ¿Qué fuerza tendrían entonces mis palabras para que alguien siguiera ese curso? ¿Alguien puede decirme cómo vais a poder lograrlo en ese caso? Poco importa que seáis pastor o no; que seáis un adventista del séptimo día, o sólo un profeso adventista; no hace falta que seáis un pastor: basta con que seáis un profeso adventista del séptimo día, a efectos de responder esta pregunta. Quiero saber cómo vais a mantener dignamente esa profesión, o a tener el poder necesario para abordar la gente de este mundo, si es que estáis conectados con este mundo en espíritu, mente, pensamiento, deseos o inclinaciones. No podréis ciertamente. Una conexión con el mundo del espesor de un cabello os privará del poder que ha de acompañar al llamamiento que advertirá al mundo contra ese poder inicuo y mundano, a fin de que se separen totalmente de él.

Por lo tanto hermanos, si en adelante nuestro mensaje ha de poseer poder, ¿qué debemos hacer? Hemos de romper cualquier amarra con todo lo que este mundo conoce. ¿Estáis dispuestos? No basta con que os pregunte si estáis dispuestos: ¿Lo habéis hecho ya? [Congregación: "Sí"].

La imagen que empleó el hermano Porter hace ya algún tiempo es espléndida. El profeta buscaba a quienes daban ese mensaje, pero miraba demasiado bajo. El ángel le dijo: ‘Mira más arriba’. Gracias al Señor, están por encima del mundo. Allí es donde pertenecen, por encima del mundo, sobre un fundamento que Dios ha establecido para que lo transiten. Y todos aquellos que estén en una posición tan baja como para hacer necesario que se mire al mundo para encontrarlos, no pueden dar el mensaje del tercer ángel. Hemos de estar por encima del mundo. Por lo tanto, cortad amarras, hermanos.

Ha llegado el momento como nunca antes en que tiene que haber una separación del mundo. "Yo os elegí del mundo", dice Jesús (Juan 15:19). Dado que nos ha escogido del mundo, busquémoslo cada día a fin de que pueda comisionarnos. Cristo dijo a sus discípulos: "Yo os elegí a vosotros y os he puesto [comisionado u ordenado] para que..." (Juan 15:16). Nos ha escogido; asegurémonos de que nos ha comisionado para la obra que tiene para nosotros, que consiste en llevar la palabra de Dios en contra de todo el poder que este mundo conoce, a fin de separar del mundo a un pueblo, tan separado para Dios como para renunciar totalmente al poder de este mundo y a toda conexión con él.

Lo anterior nos lleva una vez más a la consagración. Gracias al Señor porque sea así. Y no podemos aferrarnos al mensaje del tercer ángel, no podemos mantenernos en él ni tener su espíritu o realizar su obra, sin una consagración plena.

Otro punto al respecto: Los que se tengan por la ley de Dios no van a ser tenidos en alta consideración por mucho tiempo. De ninguna manera. No van a ser apreciados, loados ni cortejados. Al contrario. Quizá sea mejor que lo leamos de "Great Controversy", vol. IV, p. 590:

"Y luego el gran engañador persuadirá a los hombres de que son los que sirven a Dios los que causan esos males. La parte de la humanidad que haya provocado el desagrado de Dios lo cargará a la cuenta de aquellos cuya obediencia a los mandamientos divinos es una reconvención perpetua para los transgresores. Se declarará que los hombres ofenden a Dios al violar el descanso del domingo; que este pecado ha atraído calamidades que no concluirán hasta que la observancia del domingo no sea estrictamente obligatoria; y que los que proclaman la vigencia del cuarto mandamiento, haciendo con ello que se pierda el respeto debido al domingo y rechazando el favor divino, turban al pueblo y alejan la prosperidad temporal. Y así se repetirá la acusación hecha antiguamente al siervo de Dios y por motivos de la misma índole: ‘Y sucedió, luego que Acab vio a Elías, que le dijo Acab: ¿Estás tú aquí, perturbador de Israel? A lo que respondió: No he perturbado yo a Israel, sino tú y la casa de tu padre, por haber dejado los mandamientos de Jehová, y haber seguido a los Baales’ (1 Rey. 18:17 y 18). Cuando con falsos cargos se haya despertado la ira del pueblo, éste seguirá con los embajadores de Dios una conducta muy parecida a la que siguió el apóstata Israel con Elías" (El conflicto de los siglos, p. 647 y 648).

Y en la página 590 leemos:

"Los que honren el sábado de la Biblia serán denunciados como enemigos de la ley y del orden, como quebrantadores de las restricciones morales de la sociedad, y por lo tanto causantes de anarquía y corrupción que atraen sobre la tierra los altos juicios de Dios. Sus escrúpulos de conciencia serán presentados como obstinación, terquedad y rebeldía contra la autoridad. Serán acusados de deslealtad hacia el gobierno. Los ministros que niegan la obligación de observar la ley divina predicarán desde el púlpito que hay que obedecer a las autoridades civiles porque fueron instituidas por Dios. En las asambleas legislativas y en los tribunales se calumniará y condenará a los que guardan los mandamientos. Se falsearán sus palabras, y se atribuirán a sus móviles las peores intenciones" (Id., p. 649).

En "Testimony" nº 32, p. 208, leo un testimonio dado en 1885, hace ya siete años:

"Mientras los hombres están durmiendo, Satanás arregla activamente los asuntos de tal manera que el pueblo de Dios no obtenga ni misericordia ni justicia" (Joyas de los Testimonios, vol. II, p. 152).

¿Cómo se podría esperar que obtuviéramos misericordia y justicia, siendo que todo el poder de los gobiernos de la tierra está en las manos del papado, y es Satanás quien lo dirige? ¿Y cómo podríais esperar justicia cuando el propio Satanás ha dispuesto todo el poder de esta tierra en contra del pueblo de Dios? No hay ahí ninguna justicia: no la podemos esperar. Eso nos lleva al punto de que hemos de estar tan separados de este mundo como para no esperar protección alguna del mismo, como para no esperar ninguna misericordia ni justicia del mundo. Si las obtenemos, se tratará sólo de misericordia de Dios, manifestada en ellos a pesar suyo. Cuando estamos en una posición en la que la única misericordia que podemos esperar de la tierra es la que Dios arranque de ellos, ¿dónde está nuestra única dependencia? En Dios.

No nos van a tratar bien, ni gozaremos de una alta consideración. Se fabricará y esparcirá toda clase de reproches contra nosotros. Quisiera saber cómo podrá alguien permanecer fiel al mensaje del tercer ángel, cumpliendo su obra, si está preocupado por lo que los demás digan de él, importándole mucho su reputación y siendo dependiente de ella. No podrá. Pero gracias al Señor, Dios tiene algo mucho mejor en que podemos confiar, que es el carácter. No olvidemos que Jesús, nuestro ejemplo en este mundo, menospreció el oprobio y se despojó de su reputación (Heb. 12:2; Fil. 2:7).

Eso establece el hecho de que el pueblo que haya de dar el mensaje del tercer ángel y tenerse en pie fielmente por Dios, lo habrá de hacer considerando exclusivamente el carácter, y habrá de desechar todo cálculo relativo a la reputación. Nunca más habrán de entrar ya en nuestros cálculos cuestiones de reputación tales como ‘qué van a pensar o decir los demás de nosotros’. La reputación no salvará a nadie. Si ha de estar condicionado por aspectos de imagen y reputación, si es que eso ha de tener la más mínima importancia en su mente, es preferible que claudique del todo, pues nunca podrá conservar su reputación quien se atiene al mensaje del tercer ángel.

Por lo tanto, ahora mismo, hoy, es el momento de abandonar todas esas profesiones, ya que haciendo así aliviaréis a vuestros hermanos. Si es que habéis de claudicar finalmente, hacedlo cuanto antes; puesto que cuanto más lejos vayáis -para claudicar después-, más difíciles pondréis las cosas a vuestros hermanos. Por lo tanto, a menos que lo asumáis plenamente, mejor abandonadlo esta noche, tomad otro camino y dejadlo del todo; permitid así que queden en libertad los que vayan al frente. Hemos llegado a la encrucijada de la decisión, en la que cada uno ha de elegir teniendo en cuenta que no se podrá depender de nada que haya en este mundo, que no habrá de entrar en los cálculos ninguna de las consideraciones que este mundo pueda presentar. En particular, no ha de tener cabida ninguna consideración relativa a la reputación o a qué van a pensar los hombres. Cuando todo el poder del mundo esté en contra de quienes se mantengan fieles a Dios, el carácter de Jesucristo valdrá diez mil veces diez mil reputaciones que sea posible manufacturar.

La reputación es algo muy importante a los ojos del mundo, pero para Dios no significa nada. Reputación es todo lo que Satanás tiene para ofrecer. Es su único fundamento, y la declaración que frecuentemente se cita es correcta, referida al hombre en cuyos labios la coloca quien la escribió: "El tesoro más preciado que la mortalidad puede conceder es una reputación inmaculada". Era adecuada para él, pues la reputación es todo cuanto tenía. Con posterioridad declaró haberla perdido, y quedó hundido en el pesar, clamando: "¡Oh, mi reputación!... He perdido mi reputación". Y una vez que la hubo perdido, por supuesto no le quedaba nada en que apoyarse. Estaba totalmente desvalido. No tenía un carácter del que depender, sino sólo una reputación perdida. Es muy propio que ese sentimiento proceda de él, debido al "carácter" que poseía aquel en cuya boca puso esas palabras quien lo escribió; pero se trata de una mentira. El tesoro más preciado que la mortalidad puede conceder no es la reputación inmaculada: el tesoro más preciado que tanto la mortalidad como la inmortalidad conceden es un carácter inmaculado; y el único carácter inmaculado que este mundo ha conocido es el de Jesucristo. Y ese, su carácter, nos lo da a ti y a mí, un don gratuito y bendito de parte de Aquel que edificó dicho carácter en sí mismo.

Por lo tanto, hermanos, dejad que el viento se lleve toda cuestión relativa a la reputación. Ahí está su lugar, pues la reputación es tan inestable como el viento, mientras que el carácter es tan permanente como la eternidad. Abandonad, pues, todo apego a la reputación. Tengamos un carácter; tengamos ese carácter que resistirá el juicio. Si es así, aunque Satanás con todo su poder logre atribuirnos la peor reputación que quepa inventar, demos gracias a Dios por haber obtenido un carácter que resistirá en el juicio. Podemos permitirnos prescindir del mundo y de la reputación: en Jesucristo tenemos algo muchísimo mejor.

Eso no es todo. Hay otra faceta. Está llegando el momento en que todo el que se adhiera al mensaje del tercer ángel y al sábado del Señor, manteniéndose fiel, no podrá comprar o vender nada en este mundo. Por lo tanto, todo el que profese ser adventista del séptimo día, todo el que profese fidelidad al mensaje del tercer ángel, tiene ahora que decidir si va a seguir firme, en contra de toda consideración relativa a la posesión y a la propiedad en este mundo.

Ni en nuestros cálculos ni en nuestra obra debiera entrar consideración alguna relativa a la propiedad o a los intereses comerciales mundanales. Ninguna consideración de ese tipo debiera entrar en los cálculos de ningún adventista del séptimo día a partir de ahora. De lo contrario, haría mejor en detenerse aquí mismo, ya que si voy a plantearme cuánto voy a tener, cómo va a irme este o aquel negocio, o lo que voy a ganar o perder de esta o de aquella forma, en el caso de ser fiel al sábado; si voy a permitir que esas cuestiones entren en mis cálculos, es mejor que me entregue totalmente a los intereses propios y deje lo otro. Ahora bien: ¿Cuál ha de ser el final de esas ganancias, de esas propiedades que me hacen cuestionar y dudar? La más completa destrucción. Por lo tanto, si hay alguna cuerda de simpatía que me ata con lo terreno, cuando llegue el momento de su destrucción, ¿cuál será mi suerte? Evidentemente, la misma. Supongamos que dicha cuerda tiene solamente el calibre de un hilo. ¿Me arrastrará? Sin duda lo hará. Por lo tanto, hermanos, ha llegado el momento de cortar toda atadura. Y una vez más hemos llegado al momento decisivo.

Todo el que permanezca fiel al mensaje del tercer ángel deberá afrontarlo, y lo hará al margen de toda consideración relativa al provecho, al dinero, a la propiedad o a cualquier cosa por el estilo. Nada de eso tendrá el más mínimo peso para él, en cuanto a su proceder en relación con el mensaje del tercer ángel. Ahí está la declaración: "...y que ninguno pudiera comprar ni vender, sino el que tuviera la marca o el nombre de la bestia o el número de su nombre" (Apoc. 13:17). "Si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe la marca en su frente o en su mano" (14:9). No es de ninguna forma necesario que crea en ella. La ley dice: ‘Guarda el domingo’. Y si lo guarda, ¿qué significa? Que ha entrado en un compromiso con Satanás y que ha aceptado la marca de Satanás, en lugar de la de Cristo. Ha puesto a Satanás por encima de Cristo en su consideración, y está obedeciendo al poder del mundo y no a las palabras de Cristo. ¿De cuánto poder va a disponer para su salvación del mundo, quien así proceda?

Aquel que se compromete con las leyes dominicales hasta el punto de dejar de trabajar y observar el domingo porque así lo establece la ley, mientras piensa que está guardando el sábado, puso a Satanás por encima de Cristo. Está poniendo su dependencia en el poder terrenal. Pero ¿en manos de quién está ese poder? En las manos de Satanás. Por lo tanto, de acuerdo con su profesión y sus actos, ¿acaso no está dependiendo de Satanás, tanto como de Cristo? ¿Tienen uno y otro alguna concordia? Ninguna. Bien, pues no permitamos a Satanás que participe, hermanos. Nadie que se mantenga fiel al mensaje del tercer ángel permitirá que Satanás tenga una participación como esa.

¿No es el sábado la señal de lo que Dios es para el hombre? ¿No es la señal del Dios verdadero, y no es Dios el que es? Siendo así, ¿no es la señal de lo que Dios es, tanto como de que Dios es? Por consiguiente, ¿qué es? Es el Señor, el Señor Dios, Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado. Él es nuestra vida.

El sábado es, pues, la señal de lo que Dios es para aquel que cree en él. Pero ¿dónde encontramos a Dios? ¿Dónde únicamente se lo puede encontrar? En Jesucristo. "Nadie conoce... quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar" (Luc. 10:22). Así, para nosotros, Cristo es Dios. Para este mundo y para todas las criaturas inteligentes, Cristo es Dios. Por lo tanto, ¿no es el sábado la señal de lo que Cristo es para el hombre? Al observarlo, es la señal de lo que Cristo es para nosotros. Por lo tanto, si observo el domingo debido a que la ley lo establece así, eso significa que para mí el domingo es tan importante como el sábado, pero eso es lo mismo que decir que Satanás significa para mí tanto como Cristo. Y cuando sucede eso, Cristo no significa mucho para mí. Cuando Cristo significa tan poco como para no importarme el tomar la señal del poder del papado, que no es otra cosa que la señal del poder de Satanás, poniéndolo al mismo nivel que lo que Cristo es para mí, entonces Cristo no es nada para mí. Si Cristo no lo es todo, ¿qué es entonces? "Cristo es el todo y en todos" (Col. 3:11). Si Cristo no lo es todo para mí, ¿qué es entonces? -¡Nada! Eso nos lleva de nuevo al hecho de que hemos de resistir esa señal en contra de toda consideración que el mundo pueda hacer.

Eso no es todo. Hay aún otra idea en el versículo:

"Se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablara e hiciera matar a todo el que no la adorara".

Ha de llegar un momento en el que se pronuncie sentencia de muerte sobre aquel que permanezca fiel al mensaje del tercer ángel. Perderá su derecho a la vida, según los poderes de esta tierra en cuyas manos está. Por lo tanto, ¿habrá de caber en nuestros cálculos alguna consideración relativa a la vida? ¿Qué os parece, hermanos?

¿Podrá alguien considerar el valor de su vida ahora, permitiendo que pese en sus cálculos relativos a si va a permanecer fiel o no al mensaje del tercer ángel? Haremos bien en meditar en esas cosas, discerniendo su significado. Si permito que la preservación de mi vida temporal tenga alguna influencia en mi compromiso con el mensaje del tercer ángel, ¿de qué sirve que siga pretendiendo ser fiel al mensaje? ¿No es preferible que lo abandone aquí y ahora? El hecho, tal como hemos visto, es que permanecer de parte del mensaje ha de significar la pérdida de esta vida. Por lo tanto, si le concedemos la importancia que sea en nuestra decisión, es mejor que nos detengamos y abandonemos cuanto antes el asunto.

La pena de muerte está incluida en cada uno de los pasos que configuran la persecución. Puede no estar explicitada en palabras, pero está allí presente desde el primer paso, ya que cuando el gobierno se implica en leyes religiosas opresivas, lo hace siempre con el objeto de preservarse a sí mismo. Así se ha declarado de forma explícita en el caso de esta ley dominical del Congreso. Los que desobedecen las leyes dominicales son multados preceptivamente, pero no pagan sus multas –no lo harán ciertamente los guardadores del sábado. Entonces han de ser encarcelados para pagar esa deuda. Al término de su reclusión son devueltos a la libertad. Vuelven entonces a trabajar en domingo, siendo ahora más elevada la multa en razón de su reincidencia, lo que lleva a su vez a una encarcelación más prolongada. Pero en ningún caso se logra que dejen de trabajar en domingo, tal como pretende esa ley. Por lo tanto, dado que ninguna de las penas logra el objetivo de ese precepto, tiene lugar una escalada punitiva que termina sólo al alcanzar la más dura de las penas: la pena de muerte. Por consiguiente, la pena de muerte está implícita en toda ley dominical que jamás se haya promulgado en esta tierra, tan ciertamente como que toda ley ha de ser cumplida y aplicada. Debido a ello, el historiador Gibbon dijo al mundo hace ya más de cien años:

"Corresponde a los autores de la persecución el decidir previamente si están determinados a sustentarla hasta su última consecuencia. Obrando así excitan la llama que se esfuerzan por asfixiar, y pronto se hace necesario castigar la contumacia y crimen del ofensor. La multa impuesta, que no quiere o no puede satisfacer, expone a esa persona a la severidad de la ley, y la ineficacia de las sanciones menores sugiere el recurso a la pena capital".

El historiador llamó así la atención de las naciones y de sus dirigentes en todo el mundo, a fin de que antes de entrar en el camino de la persecución consideren si están dispuestos a respaldarla con la pena capital. Si no lo están, es mejor que desistan antes de comenzar. Así es en los principios, y así se ha de demostrar en la práctica.

¿No resulta, pues, claro que los que permanezcan fieles al mensaje del tercer ángel, fieles a la ley de Dios y a su sábado, lo habrán de hacer al margen de toda consideración relativa a la preservación de su vida? [Congregación: "Sí"].

Otro punto: Cuando hayan desaparecido todo apoyo y protección de esta tierra; cuando se nos haya desprovisto de la reputación que tanto valora el mundo; cuando se hayan perdido toda propiedad o medio de ganancia, e incluso cuando la propia vida resulte amenazada, ¿qué quedará entonces?, ¿cuánto, de los intereses y cosas de este mundo, ligará al que permanezca fiel? Aquel que, después de contar el costo, dejó de lado toda consideración relativa al apoyo y protección terrenales, a la misericordia y la justicia que cabría esperar; aquel que desestimó lo que van a pensar o decir los demás sobre eso, quien asumió la pérdida de sus propiedades, su imposibilidad de comprar o vender, quien prescindió de todo apego por la preservación de su propia vida, al que así hizo, ¿cuánto le queda del mundo? [Congregación: "Nada"].

¿Acaso la Biblia, la Palabra de Dios, no emplaza a todo adventista cara a cara con esas decisiones, demandando de él una elección? [Congregación: "Sí"]. Ha llegado, por lo tanto, el momento de recapacitar seriamente. Es ciertamente tiempo de pensar con mucha seriedad. Pero gracias al Señor, no tenemos motivo alguno para estar atemorizados ante nuestro enemigo. El Señor nunca permitirá que seamos llevados a un lugar del que no hayamos de salir de forma mucho más gloriosa que si nunca hubiéramos estado allí. El Señor nunca nos llama a seguir un curso de acción que conduzca a la pérdida de algo, si es que no nos da en lugar de lo que se perdió algo de valor infinitamente superior. Cuando nos llama a permanecer fieles a su verdad, siendo que eso nos lleva a expulsar de nuestros cálculos toda consideración de soporte o protección terrenales, nos está diciendo simplemente: ‘Aquí está para ti todo el poder del cielo y de la tierra’. "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (Mat. 28:18), y "Yo estoy con vosotros". Se trata de la protección del Todopoderoso traída en favor nuestro. "El eterno Dios es tu refugio y sus brazos eternos son tu apoyo" (Deut. 33:27). "Mira que te mando que te esfuerces y que seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas" (Jos. 1:9). ¿No es esa su palabra? Leámosla en mayor extensión. En Isaías 51 encontramos una oración que el Señor quiere que elevemos a él:

"¡Despiértate, despiértate, vístete de poder, brazo de Jehová! ¡Despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados! ¿No eres tú el que despedazó a Rahab, el que hirió al dragón? ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo, el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos? Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sión cantando y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas. Tendrán gozo y alegría y huirán el dolor y el gemido" (vers. 9-11).

¿Cómo han de entrar en Sión? –Cantando. Comencemos ya ahora. El Señor no desea que entremos con las cabezas bajas y escondiéndonos, como si temiéramos ser vistos y no tuviéramos sitio en el mundo. "Erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca", dice Jesús (Luc. 21:28). Cada uno de nosotros pertenecemos a este mundo hasta que Dios termine con nosotros, y ni el mismo Satanás puede ocasionarnos daño alguno hasta que el Señor termine con nosotros, y ni aún entonces podrá hacernos daño alguno. Alegrémonos de que sea así.

"Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor de los mortales y de los hijos de los hombres, que son como el heno?" (Isa. 51:12).

¡Y profesamos creer en Dios! Nos aferramos a la ley de Dios, tenemos el sábado del Señor, que nos revela quién es Dios: nos dice que él es el verdadero Dios, el Dios viviente y Rey eterno; la tierra temblará cuando se aire, su palabra es capaz de traer a los mundos a la existencia, su misma palabra los deshace en pedazos; y hay aquí ciertos hombres que son como el heno que se seca y se desvanece en un breve tiempo, que te dicen que si haces tal cosa vas a ir a la cárcel, y que si persistes en ella hasta el final serás condenado a muerte. ¡Y eso nos atemoriza! ¿Acaso no tiene razón Dios, al hacernos una pregunta como esa? ‘¿Quién eres tú para que tengas temor de uno que ha de morir?’ Eso es lo que quiere saber. ¿No es una sabia pregunta? "Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor de los mortales y de los hijos de los hombres, que son como el heno?" ¿No veis que el que profesa creer en el Señor lo insulta al temer de esa forma al hombre? El Señor declara que si teme, no está dependiendo de él.

Leamos más. "¿Ya te has olvidado de Jehová, tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra? Todo el día, sin cesar, has temido el furor del que aflige, cuando se dispone a destruir. ¿Pero dónde está el furor del que aflige?" (vers. 13). Gracias al Señor. Es justamente ahora cuando el furor del que aflige está a punto de desatarse. ¿Por qué nos habríamos de atemorizar ante él, como si fuese capaz de destruir? ¿No fue Elías atacado y expulsado, teniendo que huir por su vida? Tras haber efectuado un largo viaje se sintió exhausto y se recostó para descansar. Quedó entonces dormido y un ángel del Señor se puso junto a él. El ángel lo tocó y le dijo: ‘Levántate, Elías, y come’. Encontró un pan cocido en brasas y un jarro de agua junto a su cabecera. Gracias al Señor.

¿No estaba Elías perfectamente a salvo? Hermanos, ¿no os parece que vale la pena ser expulsados, a fin de tener un encuentro así con un ángel? ¿Preferís acaso no ser expulsados y quedaros sin ese encuentro? No temamos, pues. Elías se volvió a dormir tranquilamente, tal como hizo también Pedro cuando fue condenado a muerte. ¿Y por qué no habrían de hacerlo? ¿De qué habría servido preocuparse? Elías se quedó nuevamente dormido, y el ángel vino por segunda vez a despertarlo y a ministrarle. Le dijo de nuevo: ‘¡Levántate, Elías, y come, porque te espera un largo viaje!’ Hermanos, Dios nos dará pan para el viaje. Si el viaje es demasiado largo, nos dará una doble ración antes de iniciarlo. Os digo, hermanos: es tiempo de que aprendamos a confiar en el Señor. Hagámoslo ya ahora. Él nos lo ordena. Leemos en otro lugar: "Se le dará su pan y sus aguas tendrá seguras" (Isa. 33:16). Así es.

"El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra ni le faltará su pan. Yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus olas, soy tu Dios, y mi nombre es Jehová de los ejércitos. En tu boca he puesto mis palabras y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos, echando los cimientos de la tierra y diciendo a Sión: ‘Pueblo mío eres tú’" (Isa. 51:14-16).

Por lo tanto, hermanos, recibámoslo; entonces no habremos de temer la opresión o las dificultades, o si no vamos a poder comprar o vender absolutamente nada, ya que el Señor tiene para nosotros algo muchísimo mejor.

Con respecto a la reputación: Olvidadla. Él nos da un carácter, un carácter que él mismo tejió desde el pesebre hasta el sepulcro, un carácter completo en todo respecto; y nos dice: ‘Tómalo y póntelo, y ven a mi cena de bodas’. Ese es el carácter, y esas las vestiduras que coloca sobre su pueblo, de forma que las plagas no puedan afectarlo, y el poder del enemigo no pueda vencerlo ni contaminarlo. "En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios, porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió y como a novia adornada con sus joyas" (Isa. 61:10). Gracias al Señor.

Con respecto a la vida: Cuando el Señor nos llama a tomar posición de lealtad hacia su ley, eso implicará la amenaza de la pérdida de nuestras vidas. ¿Qué sucede entonces? Nos dice simplemente: ‘No os preocupéis por esta vida: va a desvanecerse de todas formas dentro de muy poco tiempo; aquí está esta otra vida que perdurará por la eternidad’. Cuando nos pide que seamos fieles a su ley, haciendo que esta vida volátil y mortal resulte amenazada, nos dice: ‘Aquí hay vida inmortal’. "El que cree en el Hijo tiene vida eterna" (Juan 3:36). "Este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo" (1 Juan 5:11). ¿Nos la ha dado? El que tiene al Hijo, ¿va a tener vida eterna en algún momento en el futuro? "El que tiene al Hijo tiene la vida" (vers. 12). ¿Cómo podríamos tener al Hijo sin tener la vida? ¿Está acaso Cristo muerto? ¡No! ¡Vive! Así, cuando lo tenemos a él, tenemos la vida que hay en él.

Ved a dónde nos lleva, cuando alguien que profesa tener a Cristo no cree tener la vida que hay en Cristo, que es vida eterna. ¿Qué clase de Cristo es ese? ¿Un Cristo que no tiene vida en sí mismo? Imposible. Cristo no está muerto. ¿No es eso lo que ha estado resonando en nuestros oídos una vez tras otra, durante años, mediante la voz que ha estado hablando de parte del Señor? "Hermanos, Cristo no está en la tumba nueva de José, con su gran piedra sellando la entrada del sepulcro. No: ¡Ha resucitado! ¡Vive! ¡Vive! Proclamadlo con la voz y con la pluma".

Puesto que vive, y vive para siempre, cuando lo tengo a él, tengo a un Salvador viviente. "El que tiene al Hijo tiene la vida". ¿Qué tipo de vida es la que hay en él? Sólo vida eterna. Así, cuando lo tengo a él, tengo su vida, que es vida eterna, tal como él mismo afirmó. Pero tal como nos ha enseñado el hermano Haskell en sus presentaciones, no podemos tener su vida a menos que entreguemos la nuestra. Al hacer así, nos encontramos con Jesucristo. Esa es hoy la enseñanza. Someted esta vida, y obtendréis a cambio una que es infinitamente superior. Ahora es el tiempo de hacerlo. Pero si me aferro a esta vida, cuando se acabe, ¿qué me va a quedar? [Congregación: "Nada"].

Por lo tanto, aquel que dispone únicamente de esta vida no debiera aventurarse en el mensaje del tercer ángel, pues al llegar la prueba en la que se pondrá en juego la vida, se aferrará a ella. Ahí está el peligro. Nadie puede andar el recorrido que ha de hacer el mensaje del tercer ángel, solamente con esa vida que tiene. Le será imposible. Dado que es todo cuanto tiene, se aferrará a ella al sentirse amenazado. Pero aquel que da su vida por perdida, no aferrándose a ella, y toma esa vida que se mide con la vida de Dios, esa vida que es la vida de Dios, poseerá una vida que no puede resultar jamás amenazada. Estará a salvo. Podrá ir allá donde el mensaje lo requiera, puesto que Aquel que es la vida del mensaje, es también la vida del que permanece fiel a dicho mensaje.

Por lo tanto, "dondequiera que vamos, llevamos siempre en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos, pues nosotros, que vivimos, siempre estamos entregados a muerte" (2 Cor. 4:10 y 11). ¿No ha de ser así, de ahora en adelante? ¿No es una verdad viviente desde ahora, que aquellos que se ponen de parte del mensaje del tercer ángel están siempre "entregados a muerte" tan ciertamente como sucedió con los apóstoles? Siempre estamos "entregados a muerte", y eso entra en cada uno de nuestros cálculos. Vivimos cada momento conscientes de esa realidad.

Por lo tanto, hermanos, en lugar del poder de la tierra del que no podemos depender, y que está decididamente en nuestra contra, Dios nos da el poder de Dios.

En lugar de reputación, Dios nos da un carácter.

En lugar de cosas terrenales –riquezas, casas, tierras, propiedades, negocios o consideraciones de ese tipo-, Dios nos da a Jesucristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento, y "vosotros estáis completos en él" (Col. 2:10). Dios lo ha constituido heredero de todo, y nosotros somos herederos de Dios, y coherederos con Cristo si es que sufrimos con él, a fin de que también seamos glorificados juntamente con él. Él es heredero de todas las cosas y nosotros somos coherederos. Así ¿cuánto nos pertenece? [Congregación: "Todas las cosas"]. ¿Qué, pues, tenemos? Todas las cosas que Dios tiene. ¿No somos acaso ricos?

En lugar de esta vida que los poderes de la tierra nos quitarían, Dios nos da su vida. Cuando él nos pide que tomemos una posición de lealtad a él y a su causa, el Señor nos dice simplemente: ‘Aquí tienes vida eterna’.

Por lo tanto, hermanos, ¿no nos ha equipado el Señor completamente? Pongámonos pues ahora toda la armadura de Dios. Esto es lo que se requiere: que nos esforcemos en el Señor y en el poder de su fortaleza. "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por lo tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes" (Efe. 6:12 y 13).

Así es como el Señor quiere que estemos, y eso es lo que quiere que hagamos. Y nos dice: "No te desampararé ni te dejaré" (Heb. 13:5). En ese punto es donde estamos. Hermanos, ¿qué vais a hacer?, ¿qué curso vais a seguir? "Escogeos hoy a quién sirváis" (Jos. 24:15).

 

 

nº 7

[índice]

El pasado viernes algunos se preguntaban si no estaba exagerando las cosas. En vista de lo que el hermano Porter leyó de los "Testimonios", estaréis de acuerdo conmigo en que no hubo ninguna exageración. Hermanos, no quiero que penséis que predico como lo hago, debido a que el auditorio sois precisamente vosotros. Si hubiera estado predicando desde el pasado lunes a personas que jamás hubiesen oído a un Adventista del Séptimo Día, ni acerca del mensaje del tercer ángel, lo habría hecho exactamente de la misma forma en que lo he hecho entre vosotros. En este momento no sabría qué predicar, de no ser el mensaje del tercer ángel. No sé cuál otro pudiera ser mi deber, si no es llevar a los oyentes al reconocimiento de su necesidad del poder de Dios. No os estoy predicando nada que no haya dicho ya a todo el que me escuchó. Es posible que en los próximos días os predique algo que no diría a otra audiencia, puesto que quizá algunos de nosotros hemos estado haciendo cosas que otros no hicieron, pero no hay más razón que esa.

Hagamos ahora un breve resumen de lo presentado hasta aquí. Vimos que en este tiempo, fuera del poder de Dios, no hay nada que pueda mantenernos. Vimos que nada que no sea el carácter de Dios nos puede bastar. En lo que concierne a los medios y recursos de este mundo, no podemos depender más de ellos, sino solamente de lo que Dios provee. En lo que toca a la propia vida, vimos que no podemos seguir contando con ella; lo único que satisfará, lo único de que podemos depender, lo único que colmará nuestra necesidad –la necesidad de los que ahora se pongan de parte del Señor-, es esa vida mejor que la presente, la vida eterna, la vida de Dios.

Únicamente el poder de Dios nos sostendrá. ¿Dónde encontramos ese poder de Dios? En Jesucristo. "Cristo es poder y sabiduría de Dios" (1 Cor. 1:24). Eso es Cristo. ¿Dónde encontramos el carácter de Dios? En Cristo. ¿Dónde lo encontramos todo, las grandes cosas de Dios? En Cristo. ¿Dónde encontramos una vida mejor que esta? En la vida de Dios, en Cristo.

Siendo así, ¿qué otra cosa habríamos de predicar al mundo, sino a Cristo? ¿De qué hemos de depender, sino de Cristo? ¿Qué es el mensaje del tercer ángel, sino Cristo? Cristo es el poder de Dios, las riquezas insondables de Dios, la justicia de Dios, la vida de Dios, ¡Cristo es Dios! Tal es el mensaje que hemos de dar ahora al mundo. ¿Qué es lo que el mundo necesita? A Cristo. ¿Necesita algo más? No. ¿Hay algo más? No. "En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, y vosotros estáis completos en él" (Col. 2:9 y 10).

Como ya he dicho, si hubiera estado predicando a personas que nunca hubiesen oído nada sobre el mensaje del tercer ángel, si les hubiera estado dirigiendo la palabra desde el lunes de tarde, les habría predicado como lo he hecho con vosotros, y los habría emplazado cara a cara ante Jesucristo tal como he hecho aquí. Por cierto, muy cerca hay una congregación no creyente que quiere invitarme algún día a que les hable, y pienso predicarles precisamente lo mismo que a vosotros. Hay una congregación de no creyentes a la que por tres veces he tenido la ocasión de predicar, y les he presentado estas cosas tal como son, sin ambages. Ya me han hecho la pregunta: "¿Qué haremos"? Uno de ellos declaró: "Bien, nos ha dicho todas esas cosas, y están muy claras; pero todavía no nos ha dicho qué tenemos que hacer ahora..." Le respondí: "¡Dadme la oportunidad, y os lo diré!" Respondieron: "Así lo haremos". Y así lo espero.

Cuando llegue ese momento, es mi propósito decirles justamente lo que tienen que hacer. Quiero presentar ante ellos lo que he presentado ante vosotros: que si desean oponerse a ese movimiento de unión iglesia-estado, tienen que renunciar a sus ideas de dependencia de lo terreno, tienen que desterrar todo pensamiento de riquezas, posesiones o cualquier cosa parecida, así como las ideas y conceptos comunes sobre la vida. Y podrán comprenderlo. Les diré entonces que no pueden desprenderse de esas cosas a menos que posean algo mejor, y eso mejor es Jesucristo. Han de tenerlo a él, o de lo contrario no van a poder subsistir en modo alguno. Hermanos, el mundo está dispuesto a escuchar el mensaje, cuando poseemos el mensaje; están deseosos de escucharlo, y lo escucharán.

Así pues, Cristo es el poder y la sabiduría de Dios, es las riquezas insondables y la vida de Dios. Eso es lo que hemos de predicar. ¿Qué lo expresa en una sola palabra? El evangelio. ¿En qué consiste predicar el evangelio? En predicar el misterio de Dios, que es Cristo en el hombre, la esperanza de gloria (ver Col. 1:27). ¿Qué nos ha dado Dios para llevar al mundo, si no es "el evangelio eterno para predicarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo"? (Apoc. 14:6). ¿Acaso no comienza así el mensaje? Cuando los hombres no reciben el evangelio eterno, ni adoran a Aquel que hizo los cielos y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas, ¿a quién adoran entonces? A la bestia y a su imagen. "Ha caído, ha caído Babilonia" {dice el segundo ángel}, y entonces el tercero afirma que adorarán a la bestia y a su imagen. Así sucede ya. Los hombres adoran a la bestia y a su imagen, o bien adoran a Dios. No hay otra opción. De acuerdo con la naturaleza del mensaje y del tiempo en que vivimos, lo único que las personas pueden adorar es: a Aquel que hizo los cielos y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas; o bien a la bestia y a su imagen. No existen posturas intermedias. Los tres mensajes son sencillamente un mensaje en tres etapas. En "Special Testimonies" hay un testimonio dirigido "A los hermanos en posiciones de responsabilidad". Leemos en la página 15:

"Mientras os aferráis firmemente a la bandera de la verdad proclamando la ley de Dios, recuerde toda alma que la fe de Jesús está relacionada con los mandamientos de Dios. Se representa al tercer ángel como volando por en medio del cielo, simbolizando la obra de quienes proclamaron los mensajes del primer, segundo y tercer ángeles; están todos relacionados".

Así pues, lo que introduce y abarca la totalidad de esos mensajes es el evangelio eterno.

Nos hemos referido en una o dos ocasiones a la iglesia judía, como ilustración de la situación en la que nos encontramos. Vimos que dicha iglesia le dio a Dios la espalda, y se unió a "César" {el poder civil} a fin de dejar fuera a Cristo y ejecutar sus propios deseos con respecto a él. El Señor llamó entonces de aquella iglesia y nación a todos quienes le obedecerían y servirían, antes que la nación resultara destruida, y lo efectuó mediante aquellos pocos discípulos que creyeron en Jesús cuando ascendía al cielo. Habían estado con Jesús tres años y medio. Habían predicado. Incluso habían realizado milagros en su nombre. El Señor los había enviado a predicar, diciendo: "El reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 10:7). Y tal era la trascendencia de su mensaje, que de no ser recibidos en el lugar en que predicaban, debían sacudirse el polvo de sus zapatos antes de irse.

Sin embargo, antes de que pudieran predicar el evangelio tal como les había encomendado, Jesús les dijo en ocasión de su ascensión al cielo: "Quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos de poder desde lo alto". ¿No cabría pensar que tras haber pasado tres años y medio junto a Cristo, oyéndole, amándole, estudiándolo a él y con él, habiendo sido enseñados por él todo aquel tiempo, incluso habiendo predicado, no os parece que habría que deducir que estaban capacitados para llevar el evangelio al mundo? No ciertamente. Les dijo: ‘Esperad en Jerusalén’. "Quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos de poder desde lo alto" (Luc. 24:49).

¿Cuánto poder había convocado contra ellos y contra el mensaje que debían predicar? Todo el poder del mundo, ya que la iglesia de Dios, la profesa iglesia de Dios, toda la nación, se había unido a César, cuyo poder dominaba el mundo. Todo el poder del mundo estaba aliado en su contra. La profesa iglesia y nación de Dios se habían concitado con el poder, y se habían dispuesto contra Dios y contra el nombre de Cristo. Sin embargo, ese Cristo al que habían crucificado, y contra el que habían hecho todo lo posible por expulsar del mundo y de las mentes de las personas, ese era precisamente el nombre y la persona que los discípulos tenían que predicar, declarando que únicamente la fe en él podría salvarlos. Y tenían que predicar eso en contra de todo el poder que el mundo conocía.

No mucho tiempo antes, entre doce y catorce días antes de que Jesús les dijera eso, Pedro se había puesto a temblar ante una criada, y había negado conocer a Cristo. La joven le dijo: ‘Te vi con el Galileo’. –‘No; no me viste; no lo conozco’. Pedro se acercó al fuego y la joven pudo observarlo mejor: ‘¡Eres uno de ellos!’ –‘No; no lo soy. Nunca lo conocí’. Y para demostrarlo, maldijo y juró. ¿Estaba preparado para enfrentarse a todo el poder del mundo? No. Antes de poder enfrentarse al mundo necesitaba conocer un tipo de experiencia, estar aferrado a algo que no lo dejara expuesto al pánico ante la acometida de una simple criada. Jesús les había dicho: "Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche". –‘No; no lo haremos’, le respondieron, y Pedro añadió: "Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré". Jesús le respondió: "De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces". Pedro replicó: "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré". "Y todos los discípulos dijeron lo mismo" (Mat. 26:31-35). Sin embargo, lo negaron.

Vemos por lo tanto, que en lo referente a ellos mismos y a su obra, así como en lo relativo al poder al que tenían que hacer frente, estamos hoy exactamente en la misma situación en que estaban ellos cuando Jesús ascendió al cielo. Estamos en esa situación en la que todos los poderes de la tierra están coligados en contra del mensaje que hemos de llevar al mundo, por lo tanto necesitamos -tanto como ellos- ser investidos con poder de lo alto. Es, pues, un hecho objetivo que estamos exactamente en la situación en que estaban ellos cuando Jesús ascendió al cielo y les mandó esperar hasta haber recibido aquel poder.

Al ascender Jesús, les dijo (Hech. 1:8): "Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo". Por lo tanto, ¿qué estaban esperando? El Espíritu Santo. ¿Qué les traería? El poder. ¿Quién los dotaría de poder? El Espíritu Santo. No hace falta que os lea ahora las referencias de "Special Testimonies", ni de "Obreros Evangélicos" que el hermano Prescott leyó ya, relativas a eso mismo. Ahora que las palabras del Señor nos dicen lo que dijeron a los discípulos, se espera que hagamos lo que ellos hacían al escucharlas: se reunieron en compañías orando por el Espíritu Santo, y necesitaron diez días de búsqueda de Dios, a fin de alcanzar la condición para elevar oraciones eficaces, y para recibir aquello que estaban pidiendo, puesto que lo pedían con esa fe perdurable que recibe lo solicitado.

Tampoco es necesario que repita esos pasajes que leí de los Testimonios en manuscrito, según los cuales, cuando el pueblo de Dios busque individualmente el Espíritu Santo de todo corazón, labios humanos pronunciarán el testimonio que cumple la palabra: "Vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria" (Apoc. 18:1), y "diariamente ascienden oraciones para el cumplimiento de esa promesa" de ser dotados de poder. Así, tenemos la palabra del Señor confirmando que cada día ascienden oraciones. ¿Están las vuestras entre ellas? ¿Están las mías? Ha de llegar el día en que ascienda la última oración requerida para recibir esa bendición. ¿Qué sucederá entonces? Vendrá. Se producirá la efusión y será derramado el Espíritu Santo como en el día de Pentecostés. Observad: La palabra asegura que mientras las "oraciones están ascendiendo diariamente a Dios" reclamando su promesa, "no se pierde ni una sola de esas oraciones elevadas con fe". Ahí está la bendición de esa promesa. Cuando Dios nos dice que oremos por alguna cosa, eso nos abre las puertas de par en par para que podamos orar en la perfecta confianza de que la recibiremos. Nada hay que pueda impedir que esa oración encuentre allí acogida. ¿Qué significa para nosotros su palabra? No se pierde ni una sola de esas oraciones elevadas con fe.

Uno de estos días se habrá elevado la última de esas oraciones necesarias, y será derramada la bendición. ¿Quiénes la recibirán? Aquellos que elevaron sus oraciones a Dios al propósito. Poco importa si quien oró se encuentra por entonces en el centro de África y el derramamiento ocurre en Battle Creek: la recibirá, puesto que nuestras oraciones abren una comunicación entre nosotros y la fuente de la bendición, y si mantenemos ese canal abierto mediante nuestras oraciones, cuando sea derramado el Espíritu alcanzará el lugar desde el que fueron elevadas.

¿Podríamos tener más motivos de ánimo para orar, a la vista de los acontecimientos que nos rodean? ¿Podríamos tener mayor motivación para orar de todo corazón y en perfecta confianza?

Os quiero leer unas palabras de "Gospel Workers" que abordan directamente esta cuestión. Están en la página 370 y 371 {de la edición de 1892}. En referencia a los apóstoles, leemos:

"Estaban esperando en la expectación del cumplimiento de su promesa, y oraban con fervor especial. Ese es el mismo curso que debieran seguir los que participan en la obra de proclamar la venida del Señor en las nubes del cielo; puesto que hay un pueblo que ha de estar preparado para permanecer en pie en el gran día de Dios. Aunque Cristo había dado a sus discípulos la promesa de que recibirían el Espíritu Santo, eso no eliminó la necesidad de la oración".

Por supuesto que no. Al contrario: abrió el camino para la oración. Si Dios no ha prometido determinada cosa, ¿puedo sentirme libre de orar por ella? No, puesto que hemos de orar conforme a su voluntad. Pero si Dios la ha prometido, ¿puedo hacer alguna cosa que no sea orar? Ahí está la bendición.

"Oraron con el máximo fervor; continuaron unánimes en oración. Los que están hoy implicados en la obra solemne de preparar un pueblo para la venida del Señor, deben persistir igualmente en la oración. Los primeros discípulos estaban unánimes. No tenían especulaciones ni avanzaban teorías curiosas con respecto a la forma en que vendría la bendición".

Lo que quiero destacar es esto: "No tenían especulaciones ni avanzaban teorías curiosas con respecto a la forma en que vendría la bendición". Está escrito para nosotros. No hemos de albergar teorías curiosas relativas a cómo ha de venir. Si alguien comienza a decir: ‘Oh, va a venir como en el día de Pentecostés; se oirá un fuerte viento, tal como sucedió entonces; se aparecerán lenguas de fuego, etc’, y sentencia el asunto diciendo: ‘Así es como va a venir, y en ello sabré cuándo llega’... el que ve las cosas de esa forma jamás recibirá la bendición. Lo que necesitaban era poner sus corazones en armonía con Dios, y de modo alguno era su labor preocuparse de la forma en que el Señor cumpliría su promesa. Eso es también exactamente lo que nosotros necesitamos, y para nada nos concierne la forma en que el Señor cumplirá su promesa. No es su propósito que le dictemos cómo ha de proceder, diciendo: ‘El Espíritu Santo ha de venir de determinada manera; en caso contrario, no se tratará del Espíritu Santo’. Por lo tanto, si habíais albergado alguna teoría al respecto, desterradla esta noche, y dejad de lado por siempre vuestras teorías. No tenemos derecho a fijar en nuestras mentes la forma en que el Señor ha de proceder. La situación de los primeros discípulos es la nuestra, y tan ciertamente como se cumplió para ellos la promesa, se cumplirá también ahora para quienes están orando por eso mismo. No sabemos cuánto ha de tardar.

Otro punto: Tenían que predicar. ¿Qué habían de predicar? El evangelio. Pablo define el evangelio una y otra vez en términos del misterio de Dios que había estado oculto desde los siglos y edades, manifestado ahora a sus santos. Predicaron ese evangelio, ese misterio de Dios. ¿En qué consiste? –"Cristo en vosotros, esperanza de gloria" (Col. 1:26 y 27); "Cristo... poder y sabiduría de Dios" (1 Cor. 1:24); "Las insondables riquezas de Cristo" (Efe. 3:8); "Jesucristo, y... este crucificado" (1 Cor. 2:2). En eso es en lo que consistía, y en nada más que eso.

Recordaréis que Pablo se caracterizó en 2 Cor. 6:10 con las palabras: "Como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo". ¿Habéis observado la triste condición del pobre que se aferra a lo que tiene en las manos en este mundo? ¿Observáis la misma condición en aquel adventista del séptimo día que se aferre ahora a lo que tiene en este mundo? Ha de tener mucho más que eso, o de lo contrario no subsistirá en el tiempo de angustia. Pero cuando nos desprendemos de todo y nos consideramos "como no teniendo nada", ¿qué poseeremos entonces? "Todo". En esa situación nadie podrá quitarnos nada; cuando estamos en esa condición es imposible que se nos desposea de nada. ¿Estáis de acuerdo? [Congregación: "Sí"]. No pueden quitarnos el poder. No nos pueden quitar el carácter. No nos pueden desposeer de las riquezas insondables. No pueden quitarnos nuestra vida, pues nuestra vida es Cristo, y nadie nos lo puede quitar. Por lo tanto, en esa condición tenemos la victoria sobre el mundo y su poder.

Considerad otra frase del mismo versículo: "Como pobres, pero enriqueciendo a muchos". Esa es nuestra obra en el mundo: enriquecer a las personas. De igual forma en que Jesús se hizo pobre para que nosotros pudiéramos ser enriquecidos, también nosotros nos hacemos pobres para permitir que muchos otros resulten enriquecidos. Cuando tenemos a Cristo, a él solamente, cuando poseemos las insondables riquezas de Cristo, podemos enriquecer a todo aquel que tome el don gratuito de esas riquezas.

Los apóstoles predicaron el misterio de Dios: "Cristo en vosotros, esperanza de gloria". Pero se suscitó otro misterio, que hizo su aparición mientras ellos predicaban. Aquel misterio que tenían que predicar "había estado oculto desde los siglos y edades" (Col. 1:26), manifestándose ahora como nunca antes en el mundo. Pero mientras lo predicaban, apareció la obra de otro misterio, el de la iniquidad, que se levantó y ocultó de nuevo el misterio de Dios. Después que los apóstoles murieron, ese misterio de iniquidad creció y se difundió por todo el mundo, ocultando nuevamente el misterio de Dios por "siglos y edades". Pero al llegar al capítulo 10 de Apocalipsis aparece un ángel en pie, pisando el mar y la tierra, clamando a gran voz, "y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará" (vers. 6 y 7).

Últimamente me he preguntado si {la versión King James de la Biblia} no traduce intencionadamente "el misterio de Dios debiera ser consumado", puesto que hace ya mucho tiempo que debiera haberlo sido. Así nos lo declaran los "Testimonios". Debido a nuestra lentitud, negligencia, a nuestra renuencia en creer a Dios, no ha sido aún consumado. Pero debiera haberlo sido. Demos, no obstante, gracias a Dios porque vaya a ser consumado. Si hablara ahora, por supuesto, diría: ‘va a ser consumado’. Pero el caso es que cuando comience a oírse la voz del séptimo ángel, el misterio de Dios se desplegará ante el mundo. ¿En qué consiste? "Cristo en vosotros, esperanza de gloria". Es el evangelio eterno, el mensaje del tercer ángel. Dios ha dispuesto que el mensaje del tercer ángel, el misterio de Dios, triunfe sobre el misterio de iniquidad; y tan ciertamente como que el misterio de iniquidad ha centrado la atención del mundo, ha atraído la mirada de las naciones y la admiración de los hombres, con esa misma certeza el misterio de Dios ha de atraer la atención de las naciones y la admiración de los hombres. Lo hará.

Vayamos ahora al libro de Joel y leamos de nuevo en su capítulo dos. Hay cosas que queremos estudiar. Recordaréis que hasta el versículo doce (sin incluirlo) se trata de una descripción de la venida del Señor. Si vais a ese Testimonio (Vol. 1, p. 180) que se refiere al "zarandeo", observaréis que el Espíritu del Señor establece ese capítulo como base para la idea. Se aplica al tiempo del zarandeo, y el zarandeo prepara para el fuerte pregón.

"Tocad la trompeta en Sión y dad la alarma en mi santo monte. Tiemblen todos cuantos moran en la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano: día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra. Como sobre los montes se extiende el alba, así vendrá un pueblo grande y fuerte; semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en los años de muchas generaciones. Delante de él consumirá el fuego; detrás de él abrasará la llama. Como el huerto del Edén será la tierra delante de él, y detrás de él como desierto asolado; nadie habrá que de él escape. Su aspecto, como aspecto de caballos, y como gente de a caballo correrán. Como estruendo de carros saltarán sobre las cumbres de los montes; como sonido de llama de fuego que consume hojarascas, como pueblo fuerte dispuesto para la batalla. Delante de él temerán los pueblos; se pondrán pálidos todos los semblantes. Como valientes correrán, como hombres de guerra escalarán el muro; cada cual marchará por su camino y no torcerá su rumbo. Nadie empujará a su compañero, cada uno irá por su carrera; y aun cayendo sobre la espada no se herirán. Irán por la ciudad, correrán por el muro, subirán por las casas, entrarán por las ventanas a manera de ladrones. Delante de él temblará la tierra y se estremecerán los cielos; el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas perderán su resplandor. Y Jehová dará su orden delante de su ejército, porque muy grande es su campamento y fuerte es el que ejecuta su orden; porque grande es el día de Jehová y muy terrible. ¿Quién podrá soportarlo?" (1-11). El texto paralelo es Apocalipsis 19:11-18.

"Ahora, pues, dice Jehová, convertios ahora a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, llanto y lamento. Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos, y convertios a Jehová, vuestro Dios; porque es misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y se duele del castigo. ¡Quién sabe si volverá, se arrepentirá y dejará bendición tras sí; esto es, ofrenda y libación para Jehová, vuestro Dios!" (12-14).

¿Quién duda aquí que al buscar al Señor de todo corazón recibirá de él la bendición? Si sabemos que es así, vayamos en su búsqueda. No podría haber mayores motivos de ánimo: si estamos seguros de que él va a bendecirnos, no podrá haber nada que impida que lo busquemos de todo corazón.

"¡Tocad trompeta en Sión, proclamad ayuno, convocad asamblea, reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños, aun a los que maman, y salga de la alcoba el novio y de su lecho nupcial la novia!" (vers. 15 y 16).

¿A cuantos incluye, de entre los moradores de Sión? A la asamblea, al pueblo, a la reunión, a los ancianos, niños y bebés, a los recién casados, etc. ¿A cuántos está llamando? [Congregación: "A todos"]. Así es. ¿A qué nos llama? A buscar al Señor de todo corazón. Busquémoslo, pues. Estamos aún a tiempo.

"Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: ‘Perdona, Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad para que no la dominen las naciones’. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?" (vers. 17).

¿No han tomado en sus manos las cosas los paganos, con el propósito de dominarnos? Su objetivo es borrar el sábado del Señor y tomar el control del mundo.

Tengo aquí algo que quizá debiera leeros: En la página 17 del testimonio que lleva por título "A los hermanos en puestos de responsabilidad" dice: "Este falso sábado se hará obligatorio por una ley opresiva. Satanás y sus ángeles están plenamente despiertos e intensamente activos, trabajando con energía y perseverancia por medio de instrumentos humanos para llevar a cabo su propósito de borrar el conocimiento de Dios".

¿De qué es señal el sábado? De que él es el Señor nuestro Dios, y de que es el Señor que santifica a su pueblo. Cuando se elimina esa señal por la que Dios se da a conocer a las personas, lo que se hace es privar a las personas del conocimiento de Dios. Ese es el propósito buscado. Y ya ha ocurrido. Leo con anterioridad: "Se ha derribado el memorial de Dios, y en su lugar se destaca ante el mundo un falso sábado". Todo el poder de la tierra está ahora convocado a ese fin. Se proponen barrer del mundo el conocimiento de Dios. Por lo tanto estamos en necesidad de buscar al Señor de todo corazón, a fin de que los paganos no nos dominen. Veamos ahora lo que va a hacer el Señor:

"Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo. Responderá Jehová y dirá a su pueblo: Yo os envío pan, mosto y aceite, y seréis saciados de ellos" (vers. 18 y 19).

¿Qué es lo que va a enviar? ¿Qué es el "aceite"? "Aceite de gozo en lugar de luto" (Isa. 61:3), "gozo en el Espíritu Santo" (Rom. 14:17). ¿Qué es el "vino"? Como dijo Jotam, el "vino... alegra a Dios y a los hombres" (Jue. 9:13), por lo tanto, Dios dará alegría. ¿Qué es el "pan"? Es el sustento de nuestra vida, lo que nos da fuerza. Por lo tanto nos dará fuerza. Demos, pues, gracias al Señor. Nos dará fuerza, gozo y alegría.

¿A quién los dará? ¿Cuándo? Cuando el pueblo esté reunido, cuando la asamblea esté unida, cuando esté congregada, incluyendo a niños y bebés, ancianos, novios, novias y pastores. Cuando estemos unánimes juntos, como dice el testimonio, "en compañías", buscando de todo corazón a Dios. Es entonces cuando el Señor hará lo que ha anunciado. Procurémoslo como nunca antes. Es maravilloso saber que el Señor va a saciarnos con aquello que nos enviará. Va más allá de nuestra medida. ¿Qué satisfará a Dios darnos, a fin de que seamos saciados? Nada menos que todo cuanto tiene, pues eso es precisamente lo que nos dio en Jesucristo, y ciertamente no es su voluntad que tengamos menos que todo lo que él tiene. Tal como ha leído esta mañana el hermano Haskell en ese bendito testimonio, cuando acudimos como peticionarios, sin atribuirnos mérito alguno, entonces todo es nuestro en un don eterno.

"Nunca más os pondré en oprobio entre las naciones. Haré alejar de vosotros al del norte, y lo echaré en tierra seca y desierta: su faz hacia el mar oriental, y su final hacia el mar occidental. Exhalará su hedor y subirá su pudrición, porque hizo grandes cosas" (vers. 19 y 20).

¿Quién es ese que se engrandeció, haciendo grandes cosas? ¿Quién tiene el poder del mundo en sus manos? Satanás. Es él quien piensa hacer grandes cosas. Veamos ahora lo que va a hacer el Señor, precisamente entonces:

"Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas" (vers. 20).

Debiéramos ser el pueblo más feliz en el mundo por saber que Satanás tiene que hacer grandes cosas, puesto que eso significa inevitablemente que el Señor va a hacer cosas de tal magnitud, que Satanás tendrá que emplearse a fondo para procurar salvar su credibilidad. Pero aunque se ha jactado ante el mundo y las naciones de disponer de todo el poder, su caso se volverá finalmente tan desesperado que no habrá manera de salvar su credibilidad. Podemos estar más gozosos que nunca, pues entonces vendrá el propio Jesús. ¿Cuándo va a obrar esas grandes cosas el Señor? Cuando Satanás se haya procurado engrandecer haciendo grandes cosas.

"Animales del campo, no temáis, porque los pastos del desierto reverdecerán y los árboles llevarán su fruto; la higuera y la vid darán sus frutos. Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová, vuestro Dios" (vers. 22 y 23).

¿Por qué habríamos de desanimarnos? ¿De qué serviría? ¿Qué justificación tendríamos? Jesús dijo: "Erguíos y levantad vuestra cabeza" (Luc. 21:28), lo que equivale a decir: "Alegraos y gozaos". "Alegraos y gozaos en Jehová, vuestro Dios". Hagámoslo así. Hermanos, os digo que no sé qué otra cosa podríamos hacer, excepto gozarnos, siendo que es el Señor quien nos lo ordena, y se trata tan ciertamente de su palabra, como con cualquier otra de sus partes. En su palabra se encuentra el poder creador de Dios para producir ese gozo, el gozo del Señor.

"Porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía, como al principio" (vers. 23).

En Pentecostés dio la primera lluvia a su tiempo, pero en la lluvia tardía va a hacerlo en una doble medida, y difícilmente llegamos a imaginar lo que fue entonces. ¿Qué suponéis, pues, que ha de significar la lluvia que esperamos? Permitidme que os lea un fragmento del Vol. IV, p. 611:

"El movimiento adventista de 1840 a 1844 fue una manifestación gloriosa del poder divino; el mensaje del primer ángel fue llevado a todas las estaciones misioneras de la tierra, y en algunos países se distinguió por el mayor interés religioso que se haya visto en país cualquiera desde el tiempo de la Reforma del siglo XVI; pero todo esto será superado por el poderoso movimiento que ha de desarrollarse bajo la proclamación de la última amonestación del tercer ángel" (El conflicto de los siglos, p. 669).

Otro testimonio no impreso afirma que va a venir de forma tan súbita como lo hizo en 1844, y con "diez veces más poder" (Spalding and Magan Coll., Washington, N.H., setiembre 1852).

Acerca del Pentecostés, leo en la misma página:

"Las profecías que se cumplieron en tiempo de la efusión de la lluvia temprana, al principio del ministerio evangélico, deben volverse a cumplir en tiempo de la lluvia tardía, al fin de dicho ministerio" (El conflicto de los siglos, p. 670).

Hay profecías que se refieren solamente a la lluvia tardía; pero aquellas que pertenecen a la lluvia temprana también han de cumplirse cuando se derrame la tardía. Podéis comprobar que se trata de una doble medida.

"Estos son los ‘tiempos de refrigerio’ en que pensaba el apóstol Pedro cuando dijo: ‘Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo’ (Hech. 3:19 y 20)" (Id.)

¿Significa eso que nosotros hemos de arrepentirnos y convertirnos? Alguno dirá: ‘Ya me convertí hace unos veinte años’. –Bien; conviértete también ahora. Yo me convertí hace unos diecinueve años, pero eso no significa nada si no estoy ahora convertido. De poco sirve evocar el pasado. Alguien protestará: ‘¿Quiere decir que no me convertí entonces?’ –De ninguna manera; no quiero decir eso. Pero si te apoyas solamente en aquella conversión, careces de apoyo firme. Si ya no sabes cómo arrepentirte, recibe a Jesucristo y lo sabrás. Todo aquel que lo recibe viene a ser hecho una nueva criatura.

"Las eras se llenarán de trigo y los lagares rebosarán de vino y aceite. Yo os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros. Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová, vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jamás será mi pueblo avergonzado" (vers. 24-26).

Alabad, pues, a Dios. Nos harán reproches; nos denigrarán; nos tratarán como a la basura de la tierra, y como a los despreciables de entre los despreciados; pero Dios ha dicho: "Nunca jamás será mi pueblo avergonzado". Y significa precisamente eso. Pero no se detiene ahí. Lo recalca de esta forma:

"Conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová, vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo nunca jamás será avergonzado" (vers. 27).

Os pregunto: ¿Veis en este capítulo alguna cosa que el Señor no haya incluido para nosotros? ¡Cuánto ánimo, cuánta bendición y qué promesas! Y cuando insiste por dos veces en que jamás seremos avergonzados, es porque el propósito de todo lo que hay en la tierra será el de avergonzarnos. Pero Dios ha empeñado su palabra de que no lo van a lograr, de que jamás seremos avergonzados.

"Después de esto derramaré mi espíritu sobre todo ser humano, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones" (vers. 28)

Gracias al Señor. ¡No se va a contentar por mucho tiempo más con un solo profeta! Tendrá muchos. Ha hecho una maravillosa obra con uno, ¿qué no va a lograr cuando disponga de muchos?

"También sobre los siervos y las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días. Haré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invoque el nombre de Jehová, será salvo; porque en el Monte de Sión y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el resto al cual él habrá llamado" (vers. 29-32).

¿Dónde habrá salvación? En "el resto al cual él habrá llamado". Ahora bien, ¿contra quién está Satanás precisamente guerreando? Contra ese resto. ¿Contra quién ha concitado todos los poderes de la tierra? Contra el resto, o remanente. Contra él ha dirigido toda fuerza y poder. Y es justamente en ese remanente en donde hay salvación. Hermanos, el mejor sitio en el que se puede estar es aquel contra el que Satanás dirige sus ataques, pues es en él donde está la salvación. Allí están la gracia y el poder de Jesucristo, y a pesar de que el diablo ha juntado todas sus huestes contra él, es el mejor sitio para estar, de entre todos los de la tierra, puesto que Cristo mora allí, Dios mora allí, y "mi pueblo nunca jamás será avergonzado".

Hermanos, estas cosas me producen un gozo indescriptible. No cabe más gozo, en vista de lo que el Señor nos dice en este capítulo. Podéis ver que se trata de verdad actual. Cada versículo es para el tiempo presente, y está cargado de maravilloso significado. ¡Va a obrar tan grandes maravillas! Y todo cuanto pide de nosotros es que lo busquemos de todo corazón, a fin de que lo obtengamos todo. Si lo buscamos con corazón dividido, nunca lo alcanzaremos. Queremos buscarlo de todo corazón, a fin de tener todo lo suyo. Hagamos como el Señor nos dice: "Hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová, vuestro Dios", "porque Jehová hará grandes cosas", "y mi pueblo nunca jamás será avergonzado". Habrá salvación en el remanente contra el que Satanás está guerreando con todas sus fuerzas.

 

 

nº 8

[índice]

Se nos han dado una vez tras otra las evidencias de que estamos en la presencia misma de los eventos que marcan el fin del mundo. Se han presentado repetidas evidencias a partir de la Biblia y de declaraciones directas del Señor, mediante el testimonio, de que ahora es el tiempo en el que hemos de tener el único poder gracias al cual puede darse al mundo el mensaje a fin de salvar todo lo que haya de ser salvado de la ruina que acompañará a los eventos que se ciernen sobre nosotros. Hermanos, los peligros que nos amenazan a la vista del final del mundo, persecuciones, y las cosas del exterior, son, y los son siempre, muy pequeños al compararlos con los peligros que acosan a cada persona en su experiencia individual. [Voces en la audiencia: "Así es"]

El mayor peligro para esta congregación, y para nuestro pueblo en todo lugar, es el no ver las cosas que conciernen a cada uno individualmente, sino más bien las cosas que están fuera. Mirarán las cosas exteriores y sus evidencias, antes que mirar si sus propios corazones están en armonía con Dios. Mirarán a esas cosas como a una especie de teoría, más bien que poseer en su interior al Cristo viviente, a fin de que todas esas cosas puedan ser realidades vivientes exteriores, y a fin de que podamos estar preparados para afrontarlas en el temor y salvación de Dios. Como ya he dicho, ese es el mayor peligro para esta congregación aquí presente, y más allá de esta congregación podemos hacerlo extensivo a cualquier profeso guardador del sábado en el mundo.

Llegamos ahora, en el estudio de este tema, a la consideración de aquello que nos afecta directamente a vosotros y a mí como individuos, aquello que vosotros y yo necesitamos hacer, y las cosas que necesitamos de Dios; prestarles atención y actuar en consecuencia, a la vista de la salvación de Dios implicada en esas cosas, para vosotros y para mí. Para mí, y hasta donde sé, esta lección y la próxima son las más terribles de todo cuanto he conocido hasta aquí. No las he escogido, y las temo. Pero hermanos, tal como el hermano Prescott presentó ante nosotros la noche pasada, es vano todo intento de minimizar alguna cosa; de nada sirve el que las falseemos; de nada sirve que las consideremos con ligereza; nada ganamos caminando en estos días con los ojos cerrados, y desconociendo cuál es nuestra situación. De nada sirve que la verdad de Dios nos abra expectativas, tal como hace en el hombre, y esperemos las cosas que han de suceder, siendo que problemas en nuestros propios corazones y vidas impiden que esas cosas nos hagan el más mínimo bien cuando lleguen. De nada sirve, ¿no os parece?

Insisto en que estas lecciones a las que he llegado, y que de ninguna forma podremos evitar, son para mí las más espantosas, en las realidades de aquello que denuncian, por la situación en la que nos colocan a mí y a cualquiera con quien haya tenido relación hasta ahora en mi enseñanza personal. Así, puedo afirmar nuevamente que las temo. Las temo por algunas de las consecuencias que podrán tener, al no ser recibidas como debieran –con mente y corazón sumisos a Dios, preguntándole sólo a él si esas cosas son así. Algunas cosas pueden no ser agradables de oír para algunos, como no lo son para mí de referir. ¡Se nos aplican de una forma tan personal como individuos! Pero hermanos, en el lugar y la situación en la que estamos, y en el temor de Dios, hemos de avanzar en ello.

Y dado que lo hemos de abordar, os pido, para comenzar, que no me consideréis como a alguien separado de vosotros, como quien está por encima, como si os hablara desde un nivel superior, como excluyéndome a mí mismo de las cosas que puedan ser presentadas. Estoy con vosotros en todas estas cosas. Yo, de igual forma que vosotros, y tanto como vosotros, necesito estar dispuesto a recibir lo que Dios nos tiene que dar, como el que más en la tierra. Así pues, os ruego que no me separéis de vosotros en esto. Y si veis faltas que habéis cometido, yo también veré faltas que cometí, y por favor, no me culpéis si presento aquello que exponga faltas que hayáis cometido; no me culpéis como si os estuviera juzgando, o buscando faltas en vosotros. Presentaré simplemente los hechos, y vosotros que tenéis parte en ellos sabréis cada uno por sí mismo que es un hecho; de igual forma en que al concernirme a mí sabré que es un hecho en lo que a mí respecta. Lo que procuro, hermanos, es buscar a Dios junto a vosotros, de todo corazón [Congregación: "Amén"] y despejar el camino de todo obstáculo, a fin de que Dios pueda darnos todo lo que tiene para nosotros.

No voy a procurar –y no debéis esperar que lo haga– ir muy deprisa; más bien iré tan despacio como sea posible, a fin de que consideremos todas estas cosas detenidamente. En estas lecciones presentaré aquello que está en mi mente. Estudiémoslas, pues, juntos.

Comenzaré en el punto en que nos detuvimos anoche. Se expuso ante nosotros el pensamiento de que ha llegado el tiempo en el que Dios ha prometido dar la lluvia temprana y la tardía. Ha llegado el tiempo en el que debemos pedirla y esperarla. Y podemos tener in mente la lección y el testimonio que sobre el mismo tema nos presentó la otra noche el hermano Prescott.

Leo ahora ese pasaje al que me refería anoche, si bien no tenía entonces el libro ante mí. Está en la página 9 de "El ministerio de Pedro y la conversión de Saulo". Después de hablar sobre el derramamiento del Espíritu Santo y el día de Pentecostés, y de sus resultados en la conversión de almas, etc, dice:

"Este testimonio referente al establecimiento de la iglesia cristiana se nos da, no sólo como una parte importante de la historia sagrada, sino también como una lección. Todos los que profesan el nombre de Cristo deben estar esperando, velando y orando con un solo corazón. Debe ser desechada toda diferencia, y la unidad y el tierno amor de cada uno hacia el otro han de impregnar el todo. Entonces podrán ascender juntas nuestras oraciones a nuestro Padre celestial con poderosa y ferviente fe. Entonces podemos aguardar con paciencia y esperanza el cumplimiento de la promesa".

¿Cuándo llega ese "Entonces"? –Cuando estamos esperando, velando y orando de un solo corazón, habiendo desterrado todas las diferencias, y cuando la unidad y el tierno amor de cada uno hacia el otro impregnan el todo.

Por lo tanto, hermanos, si hay alguna diferencia entre vosotros y cualquier habitante de esta tierra –sea que esté o no en este instituto–, ha llegado para mí y para vosotros el tiempo para que las apartemos del camino. Si no está aquí la persona, de forma que no podéis ir y hablarle, escribidle y se lo hacéis saber, le explicáis vuestra posición y lo que estáis haciendo. No tenéis mayor responsabilidad para con él, sea que lo reciba o que no lo haga. Habéis actuado en el temor de Dios en lo que él os dice a vosotros que hagáis. [Alguien pregunta en la audiencia: "¿Quiere decir personas del mundo, cualquiera?"] Sí, en efecto, puesto que si hay pecados entre mí y personas de afuera, ellos lo saben, y esas diferencias impedirán que nos aproximemos a ellas cuando vayamos con el mensaje, aun si Dios nos diera el Espíritu Santo en el derramamiento de la lluvia tardía. Toda diferencia, toda enemistad, todo asunto de esa índole que exista entre mí y cualquiera sea en el mundo ¿no comprendéis que me impedirá aproximarme a él con el mensaje?

Si hemos engañado a personas y no hemos sido sinceros en nuestro trato con ellas, si no hemos sido honestos en nuestras transacciones ante el mundo, por el bien de nuestras almas, hermanos, corrijámoslo. Y aquí en Battle Creek quizá haya quien tenga que resolver asuntos de ese tipo con personas de esta ciudad. Nuestras reuniones están teniendo lugar en esta ciudad para la gente de esta ciudad, y se nos dijo aquí en el instituto que hemos de esperar que cuando la bendición del Señor venga sobre esta reunión, habrá de ser llevada a la gente de esta ciudad, y habrán de participar con nosotros de esto. Por lo tanto, diría a los Adventistas del Séptimo Día en esta ciudad: Enderezad las sendas, allanad los caminos, por el bien de vuestra alma, y por el bien de las almas a quienes Dios quiere salvar en esta ciudad. Si habéis defraudado a alguien, id y confesádselo, y reparad aquello en lo que defraudasteis. Si en vuestras transacciones comerciales no habéis sido rectos, si habéis obtenido algo de forma fraudulenta, reparad el daño. Sed rectos ante Dios.

Nos llega la palabra:

"Debe ser desechada toda diferencia, y la unidad y el tierno amor de cada uno hacia el otro han de impregnar el todo".

Eso es lo que los discípulos estaban haciendo cuando buscaron al Señor durante aquellos diez días. Pusieron a un lado toda diferencia. ¿No os parece que en esos diez días, los discípulos a quienes tanto había disgustado la petición de la madre de Santiago y Juan al efecto de que sus dos hijos pudieran sentarse a uno y otro lado del Salvador en el reino de los cielos; no creéis que desecharon todo eso, lo confesaron, hablaron de ello unos con otros, de lo mezquino que fue?

El Salvador tomó aquel niñito y dijo: El que sea el mayor en el reino de los cielos vendrá a ser como este niñito, y vendrá a ser servidor de todos. Los discípulos estaban desechando todas esas cosas, esas diferencias y esas envidias, por temor a que el querer ser alguien mayor que otro en el reino de los cielos significara que no entrase ninguno de ellos. Y tenemos aquí la palabra de que todas esas cosas están entre nosotros: la ambición por el lugar, los celos por el puesto y la envidia por la situación. Esas cosas están entre nosotros. Ha llegado ahora el tiempo de que las desechemos. Ha llegado ya el tiempo de que procuremos cuán bajo podemos descender a los pies de Cristo, y no cuán alto en la Asociación o en la estimación de los hombres, o en el Comité de la Asamblea, o en el Comité de la Asociación General. La cuestión no es esa en absoluto.

"Debe ser desechada toda diferencia, y la unidad y el tierno amor de cada uno hacia el otro han de impregnar el todo".

Puesto que eso nos afecta particularmente a nosotros como hermanos y hermanas en la iglesia, a nosotros toca, si sabemos de alguna diferencia entre nosotros y cualquier otro en este mundo, el quitarla de en medio. Sin importar lo que cueste. No puede costarnos la vida si lo hacemos, pero nos costará la vida si dejamos de hacerlo, eso es seguro. Y una vez lo hemos hecho, "entonces podrán ascender juntas nuestras oraciones a nuestro Padre celestial con poderosa y ferviente fe". Es así. Cuando sabes que estás sin reproche ante la vista de Dios, por haber hecho todo lo que está en tu mano para desechar toda diferencia entre ti y tus hermanos, y por haber confesado a Dios todo aquello que él mostró; cuando nos presentamos ante él como los errantes, desvalidos y perdidos pecadores que somos, y vemos nuestra necesidad de lo que él tiene para dar, ENTONCES están ahí todas sus promesas, y son para nosotros; sabemos que son nuestras. ENTONCES podemos depender de ellas y "ENTONCES podrán ascender juntas nuestras oraciones a nuestro Padre celestial con poderosa y ferviente fe. Entonces podemos aguardar con paciencia y esperanza el cumplimiento de la promesa".

Eso es lo que ahora hay que hacer. Cuando se lo cumple, cuando resultan eliminadas todas esas diferencias, y prevalece la unidad, y cada uno está procurando la unidad de corazón y mente, entonces Dios ha prometido que veremos a cara descubierta. Ha llegado el tiempo. Cumplámoslo.

Vuelvo a leer en la página 9:

"La respuesta puede venir con imprevista celeridad y poder sobrecogedor; o bien ser retardada por días y semanas, poniendo a prueba nuestra fe. Pero Dios sabe cómo y cuándo responder a nuestra oración. Es nuestra parte de la obra el conectarnos con el conducto divino. Dios es responsable por su parte de la obra".

Tal como estuvimos considerando anoche, cuando el camino queda despejado y nuestras oraciones ascienden tal como se ha descrito, el conducto queda abierto, y al derramarse el Espíritu Santo, alcanzará a la plenitud del conducto que se despejó.

"Es nuestra parte de la obra el conectarnos con el conducto divino. Dios es responsable por su parte de la obra. Fiel es el que prometió. El gran e importante asunto para nosotros es ser de una mente y corazón, desechar toda envidia y malicia y, como humildes suplicantes, esperar y velar. Jesús, nuestro Representante y Cabeza, está dispuesto a hacer por nosotros lo que hizo por quienes estaban velando y orando en el día de Pentecostés".

He aquí otro pensamiento digno de nuestra más atenta consideración:

"Jesús está deseoso de impartir ánimo y gracia a sus seguidores hoy, tal como lo hizo con sus discípulos en la iglesia temprana. Nadie debiera invitar intempestivamente la ocasión de contender con los principados y potestades de las tinieblas".

Necesitamos ser cautos en esto. Se requiere reflexión. Hemos de estar seguros, y no entrar en esa contienda hasta que sepamos que Dios está con nosotros, obteniendo ánimo y fuerza del poder y gracia de Dios, a fin de enfrentar a esos poderes con los que nos las hemos de ver. La batalla que se presenta ante nosotros no es un asunto menor.

"Cuando Dios les ordene entrar en el conflicto, habrá sobrada ocasión para ello; él dará entonces valentía y vehemencia al débil y dubitativo, más allá de la que se pudiera imaginar o esperar".

Así, lo que el Señor quiere de nosotros es que lo busquemos, y entonces, cuando nos envíe, iremos solamente con su poder y gracia. Leo en la página 11:

"Los discípulos y apóstoles de Cristo tenían un profundo sentido de su propia ineficiencia, y con humillación y oración unieron su debilidad a la fortaleza de él, su propia ignorancia a la sabiduría de él, su indignidad a la justicia de él, su pobreza a las inagotables riquezas de él. Fortalecidos y equipados de ese modo, no dudaron en el servicio por su Maestro".

¡Vaya un equipo! Pensad en él: ¡fortaleza, sabiduría, justicia y riquezas! Tales son las cosas que necesitamos, en vista de todo lo que está en contra nuestra, dado que no nos es dado hacer cálculo alguno sobre los poderes en la tierra o en el cielo, como tampoco de la reputación que pueda originarse en el hombre, o de la riqueza que este mundo pueda ofrecer, o cualquier otra consideración relativa al mismo, o a la vida. Encontramos aquí enumeradas casi las mismas cosas que consideramos en una de las lecciones previas.

Pero ¿cómo hicieron para obtener fuerzas? –Reconociendo su debilidad; confesándola. ¿Cómo obtuvieron sabiduría? –Confesando su ignorancia. ¿Cómo obtuvieron justicia? –Confesando su injusticia. ¿Cómo obtuvieron inagotable riqueza? –Confesando su pobreza.

Así pues, esa es la situación en la que hemos de estar: ineficientes, ignorantes, pobres, indignos y ciegos. ¿Acaso no es precisamente ese el mensaje a los Laodicenses; que somos desgraciados, miserables, pobres, ciegos y desnudos, y que lo desconocemos? Alguien estaba leyendo esto el otro día, y al llegar a la palabra "ciegos" mi mente se dirigió inmediatamente al capítulo 9 de Juan en su último versículo. Lo podéis buscar en vuestras Biblias (Juan 9:41). Está al final del relato de la sanación de aquel ciego, de la restauración de la vista de aquel que había nacido ciego. ¿Qué dice el versículo?

"Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado, pero ahora, porque decís: "Vemos", vuestro pecado permanece"

Cuando Jesús nos dice a vosotros y a mí que somos ciegos, lo que hemos de hacer es reconocer: "Señor, somos ciegos". A ellos les dijo que eran ciegos, y lo eran. Ellos sostenían que no era así, pero era así. Si hubieran confesado su ceguera, habrían visto a Dios en la sanación de la ceguera de aquel hombre. Bien, hermanos, lo mejor que podemos hacer es ir directamente a ese mensaje a los Laodicenses y reconocer la veracidad de cada una de sus palabras. Cuando nos dice que somos desgraciados, digámosle: "Así es, soy desgraciado, miserable, pobre; un perfecto mendigo, y nunca seré otra cosa en el mundo; soy ciego y no otra cosa; estoy desnudo y además no me doy cuenta de todo ello, lo ignoro, lo desconozco en absoluto, de la forma en que debería conocerlo". Entonces le diré cada día y a cada hora: "Señor, ¡todo eso es cierto! Pero en lugar de mi desgracia dame tu felicidad, en lugar de mi miseria dame tu consuelo, en lugar de mi pobreza dame tus propias riquezas, en lugar de mi ceguera sé tú mi vista, en lugar de mi desnudez vísteme de tu propia justicia, y enséñame tú aquello que no sé". [Congregación: "Amén"]

Hermanos, cuando alcancemos esa situación de ser de un corazón y una mente, no tendremos dificultad ninguna en arrepentirnos. No faltará el arrepentimiento. Se cumplirá el siguiente versículo: "Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete".

La dificultad que nos incapacita para arrepentirnos es que no hemos confesado que es cierto aquello que el Señor afirma de nosotros. Cuando me reconozco desgraciado, entonces sé que necesito algo que me satisfará, y sé que nadie más que el Señor me lo puede proporcionar, de forma que dependeré enteramente de él para tenerlo. Y si no lo tengo a él, soy sólo un desgraciado. En el momento en que no lo tenga a él, soy un perfecto desgraciado. Si carezco de su consuelo, no soy más que un miserable. En el momento en que no dependa absolutamente de sus inagotables riquezas –las inescrutables riquezas de Cristo–, soy el más pobre de los pobres, un auténtico mendigo. Y en el momento en que no me reconozco y confieso ciego, ni lo tengo a él como mi vista, estoy en pecado. Él lo afirma así.

Ahora decís que veis; por lo tanto, vuestro pecado permanece. Y siempre que deje de ver mi desnudez y no dependa sola y absolutamente de él y de su justicia para vestirme, ciertamente estoy en la peor ruina imaginable. Y cuando empiezo a decir "Yo sé tanto...", en realidad no lo sé en absoluto. Lo que debo hacer es decir: "Señor, no lo sé. Dependo de ti para que me lo enseñes todo, para que me enseñes que soy desgraciado, miserable, pobre, ciego y desnudo, y que necesito todas esas cosas". Y al decírselo, él me dará todo cuanto necesito. Lo hará. Tal es nuestra situación.

Leo un pasaje del volumen I de la edición publicada de los "Testimonios", página 353, que expone ante nosotros algo maravilloso:

"En la transfiguración Jesús fue glorificado por su Padre. Lo oímos diciendo: ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él’. Así, antes de su traición y crucifixión fue fortalecido para sus terribles sufrimientos. Cuando los miembros del cuerpo de Cristo se aproximen al período de su último conflicto, al ‘tiempo de angustia de Jacob’, crecerán en Cristo y participarán ampliamente de su espíritu. Cuando el tercer mensaje vaya en aumento hasta el fuerte pregón, y cuando la obra final se vea asistida por grande poder y gloria, el fiel pueblo de Dios participará de esa gloria. Es la lluvia tardía que los reaviva y fortalece para que atraviesen el tiempo de angustia. Sus rostros brillarán con la gloria de esa luz que asiste al tercer ángel".

¿Cuál es el objeto del fuerte pregón? Fortalecernos para el tiempo de angustia. ¿Dónde estamos? [Congregación: "En el fuerte pregón"] ¿Ha comenzado el fuerte pregón? [Congregación: "Sí"] ¿Para qué ha comenzado? Para hacer una obra en nuestro favor, para hacer que podamos resistir en el tiempo de angustia.

Aún un poco más, al respecto de esa demanda por unidad. Está ante nosotros este llamado al fuerte pregón –la lluvia tardía. Eso es lo que nos fortalece para el tiempo de angustia. Y ya ha comenzado. Tenemos la palabra. Lo importante es esto: ser de un corazón y una mente.

Ahora leeré unos pocos pasajes de este testimonio que no ha sido todavía publicado:

"Es el pecado en alguna de sus formas el que produce combatividad y desunión. Los afectos han de ser transformados, debe obtenerse una experiencia personal del poder renovador de Cristo. ‘En el cual tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados, según las riquezas de su gracia’. El apóstol, hablando a creyentes en Cristo, llamados por la gracia de Dios, dice: ‘Si andamos en la luz, como él está en luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado.’ Hay aquí condiciones llanamente expuestas. Si andamos en la luz, como él está en luz, seguirá el seguro resultado: tendremos comunión los unos con los otros. Todos los celos, envidias y suposiciones impías serán desechados. Viviremos como a la vista de un Dios santo".

Es decir, viviremos ahora, hoy, cada día, como a la vista del Dios santo, debido a que nuestras oraciones están ascendiendo a él para traer su presencia mediante el derramamiento de su Espíritu Santo. ¿Podemos transitar descuidadamente ese camino, sabiendo que hay celos, envidias y suposiciones impías?

"Ha venido a resultar demasiado común el ser indulgentes en nuestras tendencias hereditarias e inclinaciones naturales, incluso en nuestra vida religiosa. Tal cosa nunca puede traer paz y amor al alma, pues nos aleja siempre de Dios y de su luz. ‘El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de vida.’ Cuando surgen diferencias entre los hermanos en cuanto a la comprensión de cualquier punto de verdad, hay una regla bíblica a seguir. En espíritu de mansedumbre y amor a Dios y a cada semejante, júntense los hermanos, y tras haber orado fervientemente, con sincero deseo de conocer la voluntad de Dios, estudien la Biblia con el espíritu de un niño, a fin de ver cuánto pueden aproximarse, y no sacrificar nada, excepto su dignidad egoísta. Debieran verse a sí mismos como en la presencia de todo el universo de Dios, quien está presenciando con intenso interés cómo el hermano intenta ver las cosas de la misma forma que el hermano, comprender las palabras de Cristo, a fin de ser hechos hacedores de la palabra, y no solamente oidores."

Hermanos, ¿qué está haciendo el universo de Dios? Está esperando vernos a vosotros y a mí ser hermanos. Quiere vernos como hermanos. Eso es lo que está esperando. Está deseando veros como a verdaderos hermanos y hermanas en la iglesia. Está esperando vernos mano con mano. Hermanos, no permitamos que espere en vano.

"Al considerar la oración de Cristo, a fin de que sus discípulos puedan ser uno como él lo era con el Padre, ¿acaso no veis con qué intensidad está todo el cielo observando el espíritu que manifestáis cada uno hacia el otro? ¿Están los que pretenden ser salvos por la justicia de Cristo procurando con todas las capacidades que se les han confiado, responder a la oración del Salvador? ¿Afrentarán al Espíritu de Dios por la indulgencia hacia sus propios sentimientos no consagrados, procurando la supremacía, y manteniéndose tan alejados como sea posible?... Las horas solemnes e importantes que nos separan del juicio no han de ser empleadas contendiendo contra los creyentes".

Hermanos, ¿qué se nos ha perdido calumniando y guerreando unos contra otros? El diablo está haciendo guerra contra nuestros hermanos. Dejémosle eso a él. Amemos a nuestros hermanos; tengámonos por ellos. Cuando un adventista del séptimo día ataca a uno de nuestros hermanos, defendámoslo. Defendámoslo en el temor de Dios. La reputación de mi hermano es importante para mí, porque si alguien menoscaba ante mí la reputación de mi hermano, menoscabará la mía ante él. Si doy oído a habladurías y todas esas cosas referentes a mi hermano, ¿por qué otros no habrían de prestarles atención, cuando las habladurías se refieran a mí? No ciertamente. Velemos por preservar la reputación de nuestros hermanos. Estemos hombro con hombro por nuestros hermanos. Tenemos todo el derecho a reprender a quien viene con habladurías referentes a esto, eso o aquello sobre los hermanos. Tenemos derecho a reprenderlo como al espíritu de Satanás que en realidad es. "Las horas solemnes..." ¿Años, o meses? ¡No!: "horas solemnes". Los días pasaron ya. Estamos en las horas. Y no va a pasar mucho tiempo –si es que no ha sucedido ya– antes que las horas hayan pasado también, y comience la cuenta de los minutos.

"Las horas solemnes e importantes que nos separan del juicio no han de ser empleadas contendiendo contra los creyentes; esa es la obra de Satanás; la comenzó en el cielo y la ha continuado con incansable energía desde la caída. ‘Pero si os mordéis y coméis unos a otros, mirad que no os consumáis los unos a los otros’. No haya en ninguno de vosotros un corazón impío de incredulidad. Ha llegado el tiempo en el que ha de oírse el clamor del centinela fiel, llamando a sus compañeros centinelas: ‘¿Qué hay de la noche?’, para obtener la respuesta: ‘La mañana viene y después la noche.’"

La respuesta no ha de ser: "No sé qué hay de la noche". No ha de ser tampoco: "Creo que estás llevando las cosas demasiado lejos", ni "Me parece que te estás precipitando", o "Tu postura me parece demasiado radical". No ha de ser esa la respuesta. Ante el llamado, "¿Qué hay de la noche?", la única repuesta aceptable para Dios es: "La mañana viene y después la noche," por lo tanto, preparémonos para ella.

"¿No sería bueno que examináramos individualmente y con detenimiento nuestra propia posición ante Dios a la luz de su santa palabra, y ver nuestro especial peligro?"

No se trata de que veamos lo buenos que somos. Tampoco que veamos cuánto mejores somos que nuestros hermanos, sino "ver nuestro especial peligro." ¿Cuál es mi peligro? Tengo bastante con ver eso, con atajar mi propia maldad, y no la de otros.

"Dios no se separa de su pueblo sino que su pueblo se separa a sí mismo de Dios por su propio curso de acción. Y no conozco pecados mayores a la vista de Dios, que el de acariciar celos y odio hacia hermanos, y volver las armas de combate contra ellos".

¿Cómo podrían existir pecados mayores? ¿No es acaso precisamente esa la acción de Satanás?

"Señalo a mis hermanos al Calvario. Os pregunto: ¿Cuál es el valor del hombre? Es el Unigénito Hijo del Dios infinito. Es el valor de todos los tesoros celestiales".

Tal es el valor del hombre. Por lo tanto, ¿podemos tomar con ligereza a alguien a quien Dios aprecia de ese modo, a alguien por quien Dios ha dado todos los tesoros del universo? ¿Puedo rebajarlo, menoscabarlo y presentarlo como de poco valor? No ciertamente. Vale todo lo que Dios pagó por él. Es lo que Dios pagó por ti. ¿Podré considerarte insignificante, sin peso, sin valor? De ninguna manera. Pido a Dios gracia que me capacite para atribuirte todo el valor que él pagó por ti. No voy a permitir que adventistas del séptimo día procuren rebajar la alta estima en que te tengo. No lo haré. De ninguna forma. ¿Cómo podría hacer así, siendo que amo a Cristo, quien pagó el precio? Hermanos, lo que se necesita es el amor de Cristo en nuestros corazones, y entonces amaremos a todos los que él ama, tal como él los amó siempre.

"El mal está siempre en pugna con el bien. Y puesto que sabemos que el conflicto con el príncipe de las tinieblas es arduo y constante, unámonos en el combate".

Efectivamente, necesito el soporte de cada uno a quien Cristo compró. Lo necesito en el combate. Necesito que triunfe en el combate. Me es necesario. Y hermanos, yo mismo ruego a Dios que por su gracia contéis con mi soporte en vuestro combate. Si resultáis vencidos, os levantaré. Si falláis, os diré: "Ten buen ánimo, hermano". Si caéis, os diré: "Hay remedio para levantarse". Hermanos, lo que Dios quiere es que nos amemos unos a otros como él nos ha amado, y lo haremos. Cuando lo tenemos a él –su amor– en nuestros corazones, no podemos hacer otra cosa, ni la haríamos aunque pudiéramos.

"Cesad de guerrear contra los de vuestra propia fe. Que nadie ayude a Satanás en su obra. Todo cuanto hemos de hacer está en otra dirección".

Hermanos, tengámonos hoy juntos, pues se trata de la obra que Dios quiere hacer en nosotros.

"Una piedad pasiva no es la respuesta adecuada a este tiempo. Manifiéstese la pasividad allí donde es necesaria: en la paciencia, amabilidad y dominio propio. Pero tenemos un mensaje decidido de advertencia al mundo. El Príncipe de Paz proclamó así su obra: ‘No he venido a la tierra a traer paz, sino espada’. Hay que atacar la maldad. Hay que hacer aparecer la falsedad y el error en su verdadero carácter. Se debe denunciar el pecado, y el testimonio de todo creyente en la verdad ha de ser uno y el mismo. Todas las diferencias menores que despiertan en vosotros el espíritu combativo entre hermanos, son estratagemas de Satanás para distraer las mentes del grandioso asunto puesto ante nosotros".

¿Permitiremos que Satanás nos time? Sabéis que en las cosas de este mundo es muy desagradable ser estafado. Cuando os sabéis timados por alguien en lo más mínimo, os sentís peor que si os hubiese tratado mal en cualquier otra forma, ¿no es así? [Audiencia: "Sí"]. Satanás suscita esas pequeñas diferencias que carecen de valor o sustancia en ellas mismas, si son llevadas al extremo. Pero él mantiene nuestros ojos concentrados en esas cosas, haciendo gran conmoción en la iglesia, y en ello hace que nuestras mentes se desvíen de los grandiosos asuntos que penden sobre nuestras cabezas. Ya es suficientemente lamentable el que lo timen a uno. Pero cuando permitimos que se nos time por algo tan menor e insignificante, es aún peor. Por lo tanto, no lo permitamos.

"La verdadera paz vendrá al pueblo de Dios cuando por medio del celo unido y la oración ferviente, resulte perturbada la falsa paz que en gran medida existe... Los que están bajo la influencia del Espíritu de Dios no serán fanáticos sino serenos, firmes, libres de extravagancia. Pero todos aquellos quienes han tenido la luz de la verdad brillando en contornos claros en su camino, que sean cuidadosos en clamar: Paz y seguridad. Que sean cuidadosos en dar el primer paso para suprimir el mensaje de la verdad. Sed cuidadosos con la influencia que ejercéis en este tiempo. Los que profesan creer las verdades especiales necesitan estar convertidos y santificados por la verdad. Como cristianos somos hechos depositarios de verdad sagrada, y no hemos de mantener la verdad en el atrio exterior, sino traerla al santuario del alma. Entonces la iglesia poseerá vitalidad divina por doquier. El débil será como David, y David como el ángel del Señor"

Confesemos pues nuestras debilidades y démonos cuenta lo antes posible de que somos débiles. "El débil será como David", y su debilidad está unida a la fortaleza de Cristo.

"Una cuestión absorberá todo el interés: ¿Quién se acercará más a la semejanza de Cristo?"

Esa será la cuestión. No quién será el mayor en la Asociación, o quién será el mayor en la iglesia, o quién ostentará tal o cual posición en la iglesia, en el comité de la Asociación. No, no. "¿Quién se acercará más a la semejanza de Cristo?"

"¿Quién hará lo máximo para ganar almas a la justicia? Cuando sea esta la ambición de los creyentes, se habrá acabado la contención. La oración de Cristo es contestada".

Hermanos, es ahí donde nos encontramos.

"Cuando el Espíritu Santo fue derramado en la iglesia temprana, ‘Toda la multitud de los que creyeron era de un solo corazón y un alma’. El Espíritu de Cristo los hizo uno. Ese es el fruto de morar en Cristo. Pero si la disensión, envidia, celos y contienda son el fruto que estamos llevando, no es posible que estemos morando en Cristo".

Y ahora este pasaje que ya he leído una o dos veces:

"Jesús anhela otorgar la dotación celestial en abundante medida a su pueblo... Cuán grande y extenso ha de ser el poder del príncipe del mal, como para poder ser sometido solamente por el gran poder del Espíritu. La deslealtad a Dios, la transgresión en cualquier forma, se han extendido en nuestro mundo. Los que mantienen su lealtad a Dios, los que son activos en su servicio, se convierten en la diana de cada dardo y arma del infierno".

Esto nos trae de nuevo a las lecciones que hemos considerado en las tardes precedentes: que no podemos de ninguna forma resistir, si no tenemos a Cristo.

"Si aquellos que han tenido gran luz no tienen fe y obediencia correspondientes, pronto resultan leudados con la apostasía prevaleciente; los controla otro espíritu. Mientras que han sido exaltados hasta el cielo en lo relativo a privilegios y oportunidades, están en peor condición que los más celosos abogados del error".

"Si aquellos que han tenido gran luz no tienen fe y obediencia correspondientes", "están en peor condición que los más celosos abogados del error". Nos afecta a ti y a mí. El juicio comienza por la casa de Dios. Cuando esos mensajeros pasaron por en medio de la ciudad para matar y destruir, comenzaron desde los hombres ancianos que estaban delante del Templo (Eze. 9:5-7); y si estamos en una "peor condición que la de los más celosos abogados del error", el juicio ha de comenzar por nosotros.

"Muchos hay que han estado preparándose de esa forma para la ineficiencia moral en la gran crisis".

Nos detendremos aquí, para continuar en este punto en la próxima lección, dado que el tiempo ha terminado.

 

 

nº 9

[índice]

Algunos han dicho que no pueden comprender cómo puede uno reconocerse a sí mismo desgraciado, miserable, pobre, ciego, desnudo; no saberlo, y al mismo tiempo estar gozándose en el Señor. Respondo: ¡me gustaría saber de qué otra forma podría hacerlo! Me gustaría saber de qué forma podría gozarse en el Señor alguien que piensa que todo está bien en él. ¿Me lo puede explicar alguien? Soy incapaz de imaginarlo... Pero cuando alguien reconoce ser lo que el Señor le dice que es, y entonces comprueba que el Señor es tan bondadoso que lo toma tal cual es, y lo hace idóneo para permanecer en la presencia de Dios por toda la eternidad, entonces ciertamente tiene algo de lo que gozarse!

Hermanos, el Señor no nos salva porque seamos tan bondadosos, sino porque él lo es. Nunca lo olvidéis. No nos salva, ni nos bendice en absoluto en la obra de Dios por lo buenos que somos, sino porque él es bueno, y nosotros malos. Y la bendición de ello consiste precisamente en que nos bendiga tanto, siendo tanta nuestra impiedad. Y el gozo en todo ello, consiste en que nos salva y nos hace reflejar su propia imagen, impíos como somos. Ese es el motivo del gozo.

Bien; en cuanto a comprender cómo sucede... No lo puedo entender, pero sé que es así, y eso es todo cuanto me interesa. Requerirá toda la eternidad el comprenderlo, pero mientras sepa que es así, no voy a angustiarme en cuanto a cómo lo va a hacer el Señor, o en cuanto a si puedo entenderlo. ¿Lo haréis vosotros? [Congregación: No]

Hay aquí otro punto que debemos tener presente: aquellos que no pueden ver que eso sea así. Hermanos, decid al Señor una y otra vez que es así, y entonces lo veréis. No es que entonces vayáis a comprenderlo, pero lo veréis. No podéis ver cómo sucede, pero podéis saber que es un hecho: y sólo así podéis saberlo. ¿Podré verlo, si me mantengo al margen de ello? –No. Es algo que pertenece al corazón, y no puedes verlo con tus ojos; has de verlo con tu corazón, y es sólo el Espíritu de Dios el que proporciona el colirio a fin de que puedas verlo. He aquí algo que quizá pueda, no explicar, pero sí ayudar a comprender un poco mejor esa idea. En el Testimonio nº 31, página 44, leo estas palabras:

"¿Estáis en Cristo? No, si no os reconocéis errantes, desvalidos, condenados pecadores."

Eso es lo que algunos hermanos dicen no poder ver. Este es su razonamiento: ‘No puedo ver cómo, si estoy en Cristo, haya de reconocerme desvalido y condenado pecador. ¿Acaso si estoy en Cristo, no habría de dar gracias a Dios por ser bueno, impecable, enteramente perfecto, santificado y todo eso?’ ¿Por qué no? Cristo lo es. Cuando estás en Cristo, él es perfecto, él es justo, es santo y nunca comete error, y se te imputa su santidad, se te da. Son mías su fidelidad y perfección, pero yo no soy eso.

Quizá puedas comprender un poco más claramente ese pensamiento a la luz de esta escritura que nos es tan familiar: 1 Cor. 1:30: "Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención." ¿Dónde queda mi justicia? –en Cristo. ¿Dónde mi sabiduría? –en Cristo. ¿Y mi redención? –en él.

¡Oh sí! Cuando acudo a él en busca de sabiduría y se la